De cómo viña se convirtió en el monstruo
En 52 años, el festival chileno pasó de ser un evento vecinal a una fiesta en la que se invierten más de 10 millones de dólares para su organización. De su crecimiento, emergió un público que de complaciente se ha convertido en el más temido de América. El canal A&E transmitirá las jornadas de conciertos que arrancan el 22 y concluyen el 27
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Lo consideran el festival del continente. Pero Viña del Mar no empezó siendo lo que es hoy, la fiesta musical donde los cantantes se someten al escrutinio de un público llamado "El Monstruo", por su severidad para ponerle -o quitarle- emoción a los aplausos.
Para el 21 de febrero de 1960 -fecha oficial de su inauguración- los intérpretes no revestían la importancia de hoy. Aquellos que participaban del show eran conocidos, pero sólo en un balneario con anhelo de expandirse al mundo. De hecho, los artistas no recibían dinero como pago por sus presentaciones. El escenario resultaba modesto, casi rural. Pocos se atrevían a imaginar que tendría la relevancia que ahora ostenta.
Este año, el cartel de figuras sirve de termómetro para medir la valía que ha cobrado el evento: Luis Miguel, Marc Anthony, Juan Luis Guerra, Diego Torres, Luis Fonsi, Prince Royce, la banda Camila...
Hace cinco décadas, la fiesta del verano, como es considerada esa semana de conciertos, la disfrutaban básicamente los lugareños del sur de Chile, quienes acudían a ver a los artistas de su zona, según recuerda Marcelo Sandoval, encargado de prensa de Chilevisión, la televisora que organiza la edición 2012.
VIÑA TIENE FESTIVAL
Esta expresión fue acuñada por Antonio Vodanovic, el animador de mayor permanencia: 29 ediciones. Aunque, a decir verdad, Viña tuvo festival mucho antes que Vodanovic impusiera la frase. El evento surgió tras la iniciativa del entonces alcalde, Gustavo Lorca.
De acuerdo con registros de la prensa chilena, el mandatario municipal solicitó propuestas para ejecutar iniciativas que contribuyeran a generar beneficios económicos a través de la reactivación turística. Surgió así la idea de un encuentro de compositores locales.
Hay que decir que, a diferencia de lo que es ahora, en principio Viña no era un festival de interpretación sino de composición. Se dice que los participantes enviaban sus piezas al concurso bajo un pseudónimo y que la identidad se revelaba durante la noche final tras el anuncio del ganador. Ni cantantes ni animadores cobraban por realizar su trabajo artístico. Sólo se reconocía a los autores. De las canciones se valoraba la exaltación y promoción de Viña del Mar, definida en Chile como la Ciudad Jardín.
De los 500 espectadores estimados en aquel 1960, hoy se calculan 18 mil, capacidad total del recinto de la Quinta Vergara, donde se lleva a efecto la competencia. Algunos hablan de 15 mil.
De esta forma, se ha logrado el objetivo: aumentar el número de visitantes y colocar a Chile como plaza artística internacional.
Cuando revisa el pasado, Sandoval, quien también es director de prensa del festival, recuerda que el evento pretendía emular los de San Remo, en Italia, y Benidorm, en España. Pero el de Chile era un show con tinte local. El público, entonces tímido, llevaba sus asientos y se reunía casi del mismo modo que lo hace una junta de vecinos. Sin embargo, tratándose del balneario más importante del pacífico de Chile, las dimensiones de la fiesta debían cambiar.
APARECE "El MONSTRUO"
En los años setenta, la audiencia no se conformaba con cualquier artista que se subiera al escenario. En ocasiones, los aplausos resultaban intensos en señal de apoyo hacia algunas figuras, mientras que los abucheos se destinaban a mostrar el desagrado. Entonces el público fue llamado "El Monstruo".
En Chile es memorable el capítulo de los mexicanos Onda Vaselina, una agrupación que recibió burla pública. "Los chicos no eran conocidos", justifica Marcelo Salvador. "Y hay otro momento, en 1973, cuando la sudafricana Miriam Makeba, a pesar de hacer un buen show, fue aplaudida por la mitad y abucheada por la otra mitad". La intérprete del Pata Pata dedicó sus temas a la gente de la izquierda, dejando por fuera de su halago a parte del auditorio.
"Hasta para los artistas más consagrados no deja de generar temor la reacción de las 18 mil personas. Pueden ser pocas, pero la respuesta la hacen sentir", dice Salvador.
Cuando se habla de 18 mil personas, el director de prensa del festival coloca en perspectiva el dato en función de los efectos para una figura. "Los cantantes saben que pueden salir beneficiados o perjudicados".
Dice que, desde 1976, Viña del Mar se transmite por televisión y esto hace que la respuesta del público aumente o lastime el prestigio de un artista.
Para mediados de los setenta, el festival logró alcanzar hasta 20 millones de espectadores en América Latina; hoy, cuenta con 150 millones. El Monstruo, entonces, parece cada vez más un monstruo.
¿QUÉ TIENE VIÑA?
Los argumentos son expuestos por los organizadores. Aquí, varios: Es una tribuna de promoción, el artista es considerado una estrella, al cantante visitante se le hace sentir en su casa. Y hay otro: el monetario.
El año pasado, la prensa de Chile reveló que el caché de Sting fue honrado por 700 mil dólares, que, en moneda venezolana, equivalen a más de 3 mil millones de bolívares.
Sandoval compara que Venezuela siendo un país más grande que Chile y donde el dinero en los años ochenta abundaba, los artistas no se presentaban en la televisión a cambio de un pago monetario. Lo hacían tras un canje de publicidad. O por una obligación a la cual se sometían las disqueras. No ocurre igual en Chile, donde las figuras reciben un monto de acuerdo con su rango. "Los artistas vienen pagados y quieren estar acá".
Pero, para participar en Viña, los cantantes no se postulan. Son los organizadores quienes invitan y arman la parrilla de presentaciones. Para dicha elección se hacen dos listas. Una, con nombres de cantantes de trayectoria que gusten al público, y en la segunda se incluye a los emergentes.
ANÉCDOTAS AGRIDULCES
Finalizando los años sesenta, cuando el festival había cobrado prestigio, se hizo automático que Viña del Mar y Benidorm intercambiaran presentaciones de sus respectivos ganadores. Así, en 1969, Chile recibió a un entonces desconocido Julio Iglesias. De España también llegaron Raphael, Massiel, Camilo Sesto, Ana Belén, Víctor Manuel, Dúo Dinámico y Miguel Bosé, entre otros.
Marcelo Sandoval, que por años ejerció la fuente de espectáculo, está lleno de anécdotas. "Aquí agradecemos y nos mofamos del cariño de Julio Iglesias, porque en una oportunidad dijo, en un apasionamiento de visitante, que si él tuviera un hijo lo bautizaría Chile".
También menciona que, en 1974, en plena división político ideológica de Chile, Camilo Sesto mostró su apego por el pensamiento de derecha, desencadenando el malestar del público que simpatizaba con la izquierda.
Como se recuerda, Chile atravesaba las consecuencias de un golpe de estado que sacó del poder al mandatario Salvador Allende, quien se había suicidado cinco meses antes. Aunque persistía un toque de queda, éste fue suspendido sólo en Viña del Mar. Marcelo Sandoval relata que mientras en el sur había fiesta, en el norte del país actuaba con impunidad la llamada Caravana de la Muerte, que arremetía contra quienes se oponían al régimen militar instaurado por Augusto Pinochet.
A LO VENEZOLANO
José Luis Rodríguez, "El Puma", es de los venezolanos más recordados en el festival. Se comenta que, finalizando los años ochenta, el cantante de El pavo real recibió la antorcha, uno de los símbolos con los que se premia. Sin embargo, el público exigía que el caraqueño recibiera La Gaviota, el máximo trofeo. El animador debió consultar a la autoridad municipal. Ésta se negó a entregarla. Son desconocidas las razones. El Monstruo se hizo sentir y el intérprete fue reconocido. Rodríguez agradeció y dijo: 'Siempre hay que escuchar la voz del pueblo'".
Más allá de este capítulo, Venezuela no ha tenido una repercusión artística en Viña. Recientemente, Ricardo Montaner tuvo el honor de conducir la festividad junto con la cantante chilena Myriam Hernández. Antes habían intervenido Maite Delgado, Viviana Gibelli, Kiara y Alicia Machado. Y mucho antes, Lupita Ferrer fue incluida como jurado cuando se encontraba en pleno furor de la telenovela Cristal. También desde Chile se recuerda la presencia de Mirla Castellanos y Franco De Vita.
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Comentarios (1)
gian santaniello
20.02.2012
10:43 PM
Comentario 3728567
El gran monstruo es el festival de San Remo Italia. Yo vi el de este año en la RAI y que calidad de espectáculo. El escenario, músicos, cantantes y cómicos... sencillamente el mejor
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