Punto y Aparte | MENTE Y ESPÍRITU
Siempre a la defensiva
por MAYTTE
|
imagen: FOTO: WWW.SHUTTERSTOCK.COM |
DOMINGO 27 DE ENERO DE 2013
"Si eres de las personas que mantiene una actitud defensiva ante los comentarios que puedan hacerte los demás porque piensas que te quieren hacer daño, ofenderte y hacerte culpable de lo que pasa... mis reflexiones hoy son para ti.
La mayoría de las veces, esta actitud se mantiene cuando la persona tiene una baja autoestima.
Cuando nos mantenemos a la defensiva es muy fácil malinterpretar el comentario o la actitud de otras personas, tomarlo como si fuese una ofensa personal para reaccionar en un tono exagerado que en lugar de ayudarnos a afrontar y manejar la situación, nos lleve a agravarla, al responder agresivamente.
Es importante encontrar las raíces de nuestra actitud, para evitar convertirnos en una persona susceptible, a la que no se le puede decir nada, porque con gran facilidad se siente ofendida, juzgada y atacada.
Son varias las razones por las que te sientes así: Porque te es difícil admitir tus faltas; porque no quieres sentirte incapaz, por temor a perder el respeto o a ser rechazado. Es posible que cuando fuiste pequeño tuvieras unos padres fuertes, dominantes, que constantemente te criticaban, te repetían que no servías para nada, que eras un incapaz, que te juzgaban o te castigaban sin darte la oportunidad de expresar tus razones o tus excusas, y que por estas razones te hayas convertido en una persona muy sensible.
Cuando te colocas en una posición defensiva, te cierras y no puedes ver la oportunidad que tienes de revisar tu comportamiento o tus razones para reconocer si cometiste un error a tiempo de corregirlo.
Claves para defenderse saludablemente
Evita tomar los comentarios de otras personas como si fuesen una ofensa personal. Tómate el tiempo para escuchar con atención sin suponer cuál es la intención oculta detrás de sus palabras.
Antes de responder sin pensar, pregúntale a la persona qué quiso decir con su comentario, aclara cualquier duda y entonces responde conscientemente. Evita juzgar.
No te dejes llevar por la ansiedad que te produce sentirte juzgado o criticado. Respira profundo un par de veces y recupera la calma.
Evita contraatacar o justificar insistentemente tu comportamiento o posición. Es preferible guardar silencio por unos minutos antes de agredir a la otra persona creyendo que de esa manera te proteges o solventas la situación.
Es indispensable sentir confianza en nosotros mismos para afrontar la vida, con sus retos y las situaciones que se nos presentan cada día. Atrévete a hacer tus propias elecciones, a establecer límites y a expresar tus ideas y sentimientos sin temor a quedarte solo.
Cuando te conviertes en el juez más duro e implacable contigo mismo, te cuesta superar la culpa, aprender de tus errores. Date otra oportunidad y vuelve a comenzar cuantas veces sea necesario.
La mayoría de las veces, esta actitud se mantiene cuando la persona tiene una baja autoestima.
Cuando nos mantenemos a la defensiva es muy fácil malinterpretar el comentario o la actitud de otras personas, tomarlo como si fuese una ofensa personal para reaccionar en un tono exagerado que en lugar de ayudarnos a afrontar y manejar la situación, nos lleve a agravarla, al responder agresivamente.
Es importante encontrar las raíces de nuestra actitud, para evitar convertirnos en una persona susceptible, a la que no se le puede decir nada, porque con gran facilidad se siente ofendida, juzgada y atacada.
Son varias las razones por las que te sientes así: Porque te es difícil admitir tus faltas; porque no quieres sentirte incapaz, por temor a perder el respeto o a ser rechazado. Es posible que cuando fuiste pequeño tuvieras unos padres fuertes, dominantes, que constantemente te criticaban, te repetían que no servías para nada, que eras un incapaz, que te juzgaban o te castigaban sin darte la oportunidad de expresar tus razones o tus excusas, y que por estas razones te hayas convertido en una persona muy sensible.
Cuando te colocas en una posición defensiva, te cierras y no puedes ver la oportunidad que tienes de revisar tu comportamiento o tus razones para reconocer si cometiste un error a tiempo de corregirlo.
Claves para defenderse saludablemente
Evita tomar los comentarios de otras personas como si fuesen una ofensa personal. Tómate el tiempo para escuchar con atención sin suponer cuál es la intención oculta detrás de sus palabras.
Antes de responder sin pensar, pregúntale a la persona qué quiso decir con su comentario, aclara cualquier duda y entonces responde conscientemente. Evita juzgar.
No te dejes llevar por la ansiedad que te produce sentirte juzgado o criticado. Respira profundo un par de veces y recupera la calma.
Evita contraatacar o justificar insistentemente tu comportamiento o posición. Es preferible guardar silencio por unos minutos antes de agredir a la otra persona creyendo que de esa manera te proteges o solventas la situación.
Es indispensable sentir confianza en nosotros mismos para afrontar la vida, con sus retos y las situaciones que se nos presentan cada día. Atrévete a hacer tus propias elecciones, a establecer límites y a expresar tus ideas y sentimientos sin temor a quedarte solo.
Cuando te conviertes en el juez más duro e implacable contigo mismo, te cuesta superar la culpa, aprender de tus errores. Date otra oportunidad y vuelve a comenzar cuantas veces sea necesario.
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