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Notas

Cuando el consejo tiene rostro juvenil

Tres líderes venezolanos, que no llegan a los 35, inspiran a otros compartiendo las experiencias que los han hecho crecer. Juntos restan fuerza a un mito: para ser conferencista hay que tener canas.

por MARÍA EVA OTERO  |  imagen: DAVID MARIS | DOMINGO 1 DE FEBRERO DE 2015
Por cada "no", dos "sí"
Un salón en la iglesia cercana a su casa fue lo único que tuvo a su disposición Stephan Kaiser cuando decidió, a los 16 años, dar su primera charla sobre liderazgo. Había pasado poco tiempo desde que su vida cambió para bien, al asistir a una conferencia que le impactó. La misma que le hizo preguntarse si él también podría causar un efecto positivo en los demás. De ahí en adelante se trazó una meta: formarse y darse a conocer en el mundo del desarrollo personal. Cumplidos los 22, emprendió ese camino y al poco tiempo de haber comenzado a organizar sus eventos, empezó a escuchar los primeros 'no'. "Cuando inicié muchas personas no creían que un 'niño' podía motivar a otros. Pensaban que si no era un profesor o tenía cierta edad, no había aprendido nada que pudiese enriquecer a los demás", cuenta.

Más de una vez él mismo se cuestionó si los otros tenían razón, pero aquella aparente debilidad derivó en su mayor fortaleza. "Tuve que demostrar que mi edad no era una limitante sino más bien un punto a favor, pues quizá tenía una forma fresca, nueva, diferente de compartir algunos temas. En ese entonces la gente no creía en mí. Hoy día me buscan y contratan por mi juventud".

Su especialidad es el liderazgo empresarial, que asegura, comienza por el liderazgo individual. Cree fielmente en la importancia del autoaprendizaje y la constante formación. "Leo cuanto libro se me atraviesa y lo mismo hago con los cursos, a todos cuantos puedo, asisto. Eso sí, lo que realmente hace la diferencia es digerir y aplicar a la vida propia lo que se aprende, lo que se traduce en liderar con el ejemplo: antes de poder exigir tienes que ser un modelo a seguir. Hay facilitadores que hablan del balance que debe haber entre el trabajo y la vida, pero su báscula personal está inclinada hacia uno de los dos extremos. Por eso siempre digo que el mundo cambia con tu ejemplo, no con tu opinión".

Ausencia de darse por vencido
Una vez que terminó la universidad creó su propia compañía: Liderazgo sin límites, pero las cosas no iban al ritmo que esperaba tras año y medio. "No me estaba yendo muy bien. Era muy joven, estaba comenzando con mi empresa y no en alguna ya establecida. Nadie me conocía. Por eso me dediqué a organizar eventos, vender entradas y a que la gente se enterara de lo que estaba haciendo. Llegó un momento en que comenzaron a asistir personas muy interesantes, entre ellos el gerente de una empresa importante. Él fue el primero en llevarme a cosas más grandes", recuerda. Llegó, entonces, Motivación a millón, el programa que conduce y se transmite a través de TV Familia. "El espacio me dio más visibilidad y credibilidad. Supongo que la gente piensa: 'para tener un programa no debe ser taaan malo'", bromea.

Además de ese compromiso, Kaiser mantiene otros con quienes han decidido seguir sus mensajes. A ellos les obsequia charlas gratuitas, vía online, que tratan diversos temas que él ha optado por llamar leyes, todas de su autoría. Igual con aquellos que se suscriben a sus correos, escritos en primera persona y que cada 30 días abordan situaciones distintas y actitudes mejores para abordarlas. Muchas lo tienen a él como protagonista.

"Estaba súper emocionado porque por primera vez daría un curso en otra ciudad. ¡Expandía mis fronteras! Camino al evento paré en una panadería para comer. Al regresar al carro con la ilusión de seguir, me di cuenta de que me habían robado todo lo que estaba adentro: laptops, video beam, cámara de video, material de apoyo... todo lo que necesitaba para dar el curso de ocho horas de duración había desaparecido. Mi primera reacción fue frotarme los ojos para ver si era verdad... la organizadora del evento me preguntó: '¿cancelamos?' Más de 100 personas se habían inscrito. 'Vamos a dar el curso', respondí. Como, a pesar del incidente, realmente quería capacitar a esas personas, dejé las excusas a un lado y arranqué. Ya en plena charla, sobre todo al principio, me sentía perdido sin los recursos que siempre usaba, pero poco a poco me acostumbré a la nueva situación. Cuando no recordaba muy bien qué parte seguía, echaba mano de la creatividad y entregaba nuevos contenidos. Finalizó el día, y no sé cómo, di un curso de ocho horas de duración sin material de apoyo y con una audiencia que quedó más que satisfecha. En la noche, al llegar a mi casa, me siento igual. Porque no sólo facilité el curso junto a mi equipo sino que, además, juntos vivimos y demostramos lo que tanto predicamos. Eso que llamo 'La ley de las excusas'. La misma que dice: 'mientras menos excusas tienes, más éxito obtienes'. Porque si tienes la 'excusa' de que necesitas esperar que las condiciones estén dadas para empezar a actuar, entonces esperarás durante toda tu vida, sin lograr absolutamente nada. El verdadero secreto para ser un líder se puede resumir en dos palabras: cero excusas".

Edad: 27 años
Lema de vida: "El liderazgo no se trata de lucirte, se trata de servir a los demás".
¿A qué otros conferencistas recomienda?: Nacionales a Carlos Fernández y Eli Aquino. Si de ponentes internacionales se trata, a Jhon Maxwell y Anthony Robbins.

De una vida de desastres a una de contrastes
A sus 15 años, Juan Churión era un adolescente como muchos. Llevaba el pelo hasta los hombros -teñido de rojo-, un zarcillo en cada oreja y en un brazo, el tatuaje de su artista favorito. No iba bien en el colegio y tampoco le fue tan bien en la universidad. Ingresó en varias para estudiar siete carreras distintas. No de todas se graduó. "Cometí muchos errores. Me involucré con personas y parejas incorrectas, intenté poner fin a mi vida. Perdí mucho tiempo", repite sin complejos el adulto de 30 años que es hoy, difícil de imaginar en la situación sin rumbo en la que dice haberse visto envuelto. "No terminaba lo que comenzaba porque no tenía un propósito", remata.

Llegó hasta allí tras el divorcio de sus padres. Y continuó así hasta que se decidió por recuperar la relación que estaba rota: la de él consigo mismo. Un psicólogo le ayudó a reflexionar sobre su vida y desde ahí, por iniciativa propia, emprendió el camino para buscar entenderse y a los demás. "Comencé a ser más responsable, a establecer prioridades, a decidir qué hacer con mi vida y qué quería lograr. Compré la empresa donde daba clases de inglés -la misma con la que ahora abro una sucursal en Margarita- y más adelante me gradué de coaching de desarrollo personal y orientación vocacional en un instituto en Miami, PCCA (Instituto de consejería y coaching profesional)".

Tropezó mucho antes de encontrar su lugar. ¿Siente vergüenza por compartir sus fracasos? "¡No, a mí me encanta conversar sobre esto! (risas) Uno sabe que ya superó algo cuando puede hablar de ello sin resentimiento ni dolor. Mi currículum de vida es haber salido airoso de todo esto. Por eso mi público es el adolescente. Hoy puedo guiar a otros para que no pasen por esas situaciones difíciles y puedan alcanzar objetivos. Para ser conferencista no importa tanto tu edad, sino qué experiencias superaste, porque los consejeros y los mentores se forman resolviendo situaciones difíciles o retos. Solo así puedes ayudar a otros".

Hazlos reír y vencerás
Un estudio de sus traspiés fue necesario para que Churión transformara sus malas experiencias en su mayor éxito. Así, a los 24, se estrenó en el mundo de las conferencias con el colegio Cristo Rey, de Santa Mónica, donde le abrieron las puertas con recelo. "Tuve dar la charla gratis. Me dijeron: 'aquí han venido adultos y han metido la pata pues no han logrado conectar con los muchachos'. Es que los jóvenes son un público difícil: critican todo. Si no les gusta lo que estás diciendo te lo dicen en la cara o te ignoran de frente". Pero Churión ha sabido valerse del humor para enfrentar tanta franqueza juvenil. Eso, junto a los temas que aborda, forman parte de su clave.

En cada encuentro la identidad, la disciplina y la honestidad, forman parte de los valores que Churión comunica a su aforo, que él ha segmentado en un público que va desde los 13 hasta los 25 años de edad. Entonces refuerza la importancia de descubrir quién eres: "No vivir para encajar sino para destacar. De mi propia experiencia aprendí que cuando maduras dejas de estar buscando ser como los demás, en mi caso, como Billie Joe de Green Day o como mis amigos, que todos eran músicos. Por ellos estudié música como carrera. Quería demostrarles que si a mí me daba la gana, podía ser mejor que ellos. ¿Esa era la motivación correcta? No".

También propicia preguntas como ¿cuáles son mis virtudes? ¿Qué puedo hacer con ellas? Un momento de su vida ilustra la reflexión: "Mis amigos tocaban instrumentos y yo era el único que se sentaba con la pandereta. Me sentía incómodo. Por eso quise aprender a tocar guitarra. Se la pedí a mi papá y él, tras preguntarme por mis notas, me dijo que no. Estaba tan desesperado por comenzar que agarré una regla T de dibujo técnico, le puse seis pabilos, para representar las cuerdas, y palillos para hacer las veces de trastes y con eso practiqué cinco horas al día durante año y medio. No tenía guitarra, pero quería aprender. Como el "instrumento" no sonaba, solo movía mis dedos. Eso me llevó a estudiar la teoría musical. Cuando agarré la guitarra de verdad, ya tenía fluidez en los dedos, aunque me faltaba desarrollar el oído. Después, al ir a la universidad a estudiar música, estaba pulidito en teoría. Tomé el examen de suficiencia y cuando lo vi me sorprendí, era todo lo que me había estudiado con mi regla T. Me colocaron en el último semestre. Lo que usualmente lleva cuatro años, lo logré en meses. Hasta hoy tengo la "guitarra". Cuando voy a comenzar un proyecto la miro y me digo: comienza con lo que tienes. Es un recordatorio: no pienses en lo que te falta".

Edad: 30 años
Lema de vida: "Arriésgate, sin garantía de éxito".
¿A qué otros conferencistas recomienda?: Nacionales a Carlos Saúl y Eduardo Martí. Si de ponentes internacionales se trata, a Brian Tracy.

Soñar en mayúsculas
Donaldo Barros no cree en las casualidades, pero cualquiera podría pensar que, producto de la fortuna, llegó a su primera tarima. Fue en una reunión donde conoció a quien le diera el empujón. Llevaba rato conversando entre panas sobre sus proyectos e ideas hasta que llegó a la historia de Josmar Zambrano, un joven futbolista venezolano, nacido en Táchira, que tras mucho compromiso y esfuerzo de ambos, hoy juega en España como profesional. "'Chamo, esa historia es para TED.com', me dijo una persona que estaba conociendo. 'Qué fino que lo digas, ¿pero qué se yo cómo llegar a TED?', le contesté. 'Yo soy de los organizadores del primer TED que viene a Venezuela y aunque ya está completo el panel, para el año que viene sería bueno contar contigo', me respondió". Pero pasaron menos de 24 horas cuando llamaron a Barros para que echara el mismo cuento que la noche anterior, solo que ante un nuevo público: el equipo en pleno de la organización. "La semana siguiente fue el evento. Originalmente eran 10 conferencistas. Yo fui el undécimo. No me dio tiempo de preparar la charla, pero de ahí en adelante se abrieron muchas puertas... ", recuerda el también fotógrafo, bicampeón mundial de dominio del balón, agente FIFA y rapero.

A esa, su primera conferencia, Doba -como le conocen en las redes- la llama "el debut al revés". "Tenía tan poca experiencia que con el apuntador señalaba hacia la pantalla y no hacia la computadora. Porque yo nunca había dado una charla", dice.

Tras dominar el balón frente al público, rapear y dar por concluida su participación, Barros encontró a sus primeros clientes. Pero había un detalle: "Yo ni siquiera sabía que por eso se cobraba. ¡La receptividad de la gente fue abrumadora! Me sentí agradecido y súper extraño". ¿A qué se debió la respuesta de los asistentes? "Yo hablo de venezolanos exitosos. Antes contaba solo la historia de Josmar, pero ahora comparto también las de Daniel Dhers -ciclista profesional de BMX-, Gollito Estredo -seis veces campeón mundial de Windsurf- y muchos más. Digo que las cosas son posibles y algunos lloran porque se ven identificados en el autosabotaje de sus vidas".

El éxito como algo normal
Ni flux ni zapatos de suela forman parte de la carta de presentación de Barros. Y aunque en empresas muy formales su primera impresión haya causado ruido, las tensiones se han ido cuando sus interlocutores dejan de ver al joven informal para escuchar el mensaje trascendente.

Responsabilidad, pasión, innovación y humildad son los pilares que sustentan sus ponencias, en las que un "sí se puede" se repite insistentemente y lo mismo las palabras éxito y sueño. "No estoy diciendo nada nuevo o algo que nadie sepa. El problema es que repito algo que todos saben, pero no creen. Los invito a que digan: 'yo puedo hacerlo'. Es demasiado fácil decir que no", asegura.

Lo que sigue después es su lema: la "persecución responsable de los sueños", que según Barros empieza por descubrir cuál es el talento que se posee y marcar pauta con él, o lo que es lo mismo, entrar al campo de fútbol y hacerse memorable con el balón entre las piernas. Entonces llegarán las conquistas: "porque el triunfo es una cosa normal cuando haces las cosas bien. Y si ya has identificado que eres talentoso en algo y eso te apasiona, tienes la posibilidad de ser bueno y responsable con ese don. Pero lo primero es creer. Creer para ver".

Tanta seguridad en lo anterior le viene al joven futbolista de la experiencia propia. Desde ahí habla: "Josmar es un ejemplo mágico de que las cosas son posibles. A él, justo antes de firmar un contrato en España, le diagnosticaron un síndrome congénito en el corazón. Al día siguiente de haberse ido a Europa y después de casi un año tratando de conseguirle su pasaporte, me llaman y me dicen: 'el chamo no puede jugar'. Pregunté de qué se trataba el síndrome, si se operaba y a la respuesta afirmativa supe que aquí en Venezuela estaban los dos mejores médicos en esa especialidad. Mandaron a Josmar de vuelta, me hicieron un presupuesto y reuní el dinero para intervenirlo. Luego, el propio día de la operación, sale de administración un nuevo presupuesto, pues en el primero había un error. El nuevo monto era altísimo. Le dije a la gente de la clínica: 'vayan operándolo que yo tengo la plata'. Pero no era verdad. Empecé a hacer mil llamadas y la conseguí... Josmar se fue para España, jugó con el Tenerife y al año ya era profesional con una cláusula de cinco millones de Euros hasta 2015. Está patrocinado por Adidas. Antes de eso jugó un Suramericano en el que se enfrentó a Chile con Venezuela, y yo me fui de mochilero detrás de él, para darle apoyo. No tenía entradas para el partido, pero hice de todo para poder entrar. Estando ahí le compré zapatos... Me cuelgo los sueños de esos chamos a los que represento".

Edad: 32 años
Lema de vida: "No hay que ver para creer. Hay que creer para ver".



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