Actividades extracurriculares

El secreto está en el equilibrio

Después de las horas de clases son muchos los niños que se entregan a disciplinas como música, ballet, kárate, natación o fútbol. Sin embargo, los padres deben conocer algunas recomendaciones para no someter a sus hijos a un exceso de actividades que comprometan su salud física y mental.

por IDALIA DE LEÓN  |  DOMINGO 8 DE SEPTIEMBRE DE 2013
Los hijos de Cristina Silvera y Julio Carpio practican natación por hora y media, cuatro días a la semana. A la mayor, que tiene 15 años, decidieron inscribirla en este deporte por razones de salud. La niña demostró, con el paso del tiempo, que le encanta nadar y que tiene habilidades para esa disciplina acuática. Su hermano, de 11, ejecuta con gusto las prácticas, pese a que la natación no es su pasión. Lo de él es la música, así que los sábados estudia guitarra. "Nuestro requisito es que las actividades extracurriculares nunca choquen con las actividades académicas", refiere Cristina. "La prioridad siempre es la escuela".

La experiencia de la familia Carpio es más o menos la que siguen muchos hogares. No son pocos los escolares que algunas tardes a la semana se entregan a disciplinas deportivas o artísticas, ya sea porque los padres aprovechan la circunstancia de que en el colegio se ofrecen actividades extracurriculares con el pago de una cuota extra -cosa que, de paso, los mantiene ocupados, lejos de la televisión y de los videojuegos-, o porque quieren que sus hijos aprendan algo que ellos no aprendieron.

"La educación, el arte, el deporte, la música, el aprendizaje de otro idioma, deberían ser consideradas materias curriculares, formar parte de la educación formal, pues contribuyen con el desarrollo integral del individuo", explica Jacqueline Panvini, médico pediatra, profesora de la UCV y jefe del Servicio de Pediatría del Hospital J.M. de los Ríos. Sin embargo, la realidad, en la mayoría de los colegios, es que disciplinas como las antes mencionadas se insertan dentro de un esquema fuera de la escolaridad y queda a potestad de los representantes anotar a su hijo en alguna.

Precisamente, como dichas actividades no forman parte del currículum formal de la escuela, a algunos padres se les va la mano e inscriben a sus hijos en música, inglés, fútbol, guitarra, dibujo o ballet, y entonces tienen a unos niños agotados y sin tiempo para el estudio y el descanso.

En materia del "deber ser" es en donde muchos padres se encuentran desorientados. ¿Cuál o cuáles disciplinas escoger? ¿Cuántas horas a la semana deberían ocuparse en estas actividades? ¿Deben influir los adultos en la elección de dicha actividad? ¿Quedará tiempo para hacer las tareas debidamente? Aquí se intenta dar respuestas a estas interrogantes.

¿Cuál actividad elegir?
La disciplina que se escoja debe responder a las características de personalidad del niño. "Lo más importante es el disfrute y su gusto por la actividad, no si tiene talento o no. Hay que observar al niño y detectar su inclinación natural hacia determinada especialidad deportiva o artística", sentencia la psicóloga infantil Valeria Padrón. "Hay padres que colocan a sus hijos en actividades que ellos quisieron practicar en su infancia, y así buscan llenar ese vacío a través de sus hijos. La presión asociada a una actividad, aunque vaya acorde al talento del niño, no es recomendable. El cerebro se adapta a lo que hacemos con pasión".

Por otra parte, hay recomendaciones específicas como que a los hiperactivos se les recomiendan actividades como el fútbol o la natación; para los que les cuesta la disciplina, el kárate es una excelente opción. A los niños retraídos o con diagnóstico de Síndrome de Asperger, el teatro puede favorecerlos mucho.

En el caso de los adolescentes, según acota Jacqueline Panvini, estos tienden a resistirse a este tipo de actividades a menos que sean deportistas de alto rendimiento, músicos de carrera, actores de teatro u otros. "La motivación para asistir es interna y a voluntad. Ellos son dueños de sus resultados. Van si tiene a su grupo de amigos".

¿Y cuánto tiempo?
La carga horaria semanal es variable. Lo importante es que el niño tenga espacio, a diario, para el juego simbólico -en el que haga uso de su imaginación-, que es un elemento relevante en la salud mental. Si el niño comienza a presentar síntomas como inatención o distracción en el aula de clases, desmotivación o ansiedad asociada a las actividades, es posible que esté pidiendo más tiempo para sí mismo, explica Padrón.

"La importancia del juego libre es relevante, sobre todo en los niños pequeños. Hay algunos que ven las actividades extra como una tarea más en la que deben rendir: `Debo ser un buen karateca', 'debo ser el mejor en el fútbol'. Estos chicos buscarán o tendrán más necesidad de juego libre en el que no esté presente esta presión. Ahora, si disfruta su actividad, lo tomará como un espacio y momento de gozo", añade la psicóloga.

"Es muy importante que los padres observen a sus hijos en este sentido. Hoy en día, debido a la creencia de que el mundo es más competitivo, muchos padres piensan que 'deben prepararlos para la carrera de la vida' y suelen meterlos en muchas actividades y los presionan para que sean los mejores, lo que hace que el niño pierda la motivación real, limitándose a satisfacer las demandas y exigencias de ese entorno competitivo".

En este sentido, Cioly Ochoa, licenciada en Educación y terapista de lenguaje, agrega que es importante que el niño tenga tiempo para el juego, uno en el que las reglas las ponga él con sus amigos. "Los niños casi siempre inician un juego libre con el típico `piedra papel o tijera', pero cuando hacen deporte, kárate o estudian música, deben seguir las reglas que les impone un maestro o un entrenador; se acostumbran a estar en actividades en las que no participan en la elaboración de las reglas".

"Por otro lado, el nivel de exigencia dependerá de lo que el niño quiera y de cómo se sienta. Si rinde en la escuela y resuelve todo bien, entonces no hay problema. Pero si no es buen estudiante o si requiere de más tiempo para hacer sus deberes, no debería tener mucha carga extra".

Para la pediatra Panvini es prioritario que, independientemente de la rutina que tengan sus hijos, "los padres velen porque reciban alimentación adecuada, que los traslados de un lugar a otro no impliquen distancias muy largas y que la duración de la actividad sea de períodos cortos. De ser posible, el niño debería ir a la casa, almorzar, descansar y luego salir. Hay que prepararles meriendas saludables con frutas y cereales y deberían llegar antes de la hora de la cena y respetar el horario para el sueño".

¿Por qué son importantes?
"Un factor determinante que papás y mamás deberían saber es que todas las actividades que incluyan coordinación motora (cantar, bailar, manejar bicicleta, tocar un instrumento) favorecen la conciencia corporal en el niño y la capacidad para establecer conductas asociadas al desarrollo del lóbulo frontal, lugar del cerebro donde se forma la imagen que tenemos de nosotros mismos, la motivación, la capacidad para planificar acciones, controlar los impulsos y tolerar frustraciones", refiere Valeria Padrón. Por ejemplo, una actividad que estimula todas las áreas cerebrales es el canto.

"Esta área del córtex prefrontal (ubicada justo detrás de la frente) es la zona más complicada de nuestro cerebro, y se desarrolla a través de experiencias corporales; es un área en la que muchos niños de hoy presentan inmadurez por el abuso de la televisión y los videojuegos". Partiendo de esta premisa, según aclara la especialista, las actividades extracurriculares siempre serán beneficiosas, pues ayudan a crear engramas neuronales en áreas cerebrales relevantes para el desarrollo sano y la adaptación a la sociedad.

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