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Abuelos, un amor fuera de serie

Tienen mucha experiencia para dar lo mejor de sí a los nietos y transmitirles la esencia de sus conocimientos. Una experta pone la lupa en este memorable vínculo.

por BEATRIZ GARCÍA CARDONA  |  imagen: WWW.SHUTTERSTOCK.COM | SÁBADO 29 DE JUNIO DE 2013
Cuando padres, hijos y abuelos convivían en el mismo hogar, el referente de los abuelos como modelo educativo coexistía al lado del paterno. Sin embargo, actualmente parece que los mayores ejercen más una función de cuidadores, a tiempo parcial, cuando los niños se encuentran solos.

Por otro lado, la propia gente mayor ha cambiado sus valores y estilos de vida. Hoy estas personas tienen otros intereses más allá de dedicarse al cuidado de sus nietos. A pesar de estos cambios, el trato y contacto entre abuelos y nietos continúa siendo muy enriquecedor para la educación integral de estos últimos. Los abuelos tienen un lugar muy significativo en su mundo afectivo, porque representan los antecedentes familiares y el legado de otra época.

El rol de mentores
Aunque es responsabilidad de los padres educar a sus hijos, es innegable que los abuelos que pasan mucho tiempo con los nietos, acaban teniendo una gran influencia en ellos y en su educación: "Actualmente, muchos de ellos juegan un papel fundamental en la formación de los niños, debido a que son los responsables de su cuidado cuando ambos padres trabajan fuera de casa o realizan otras actividades", afirma Irene Quintana, psicólogo clínico y orientadora en sexología.

"Esto es importante, porque los niños pueden contar con personas queridas que los ayudan en la consolidación de valores, así como en la realización de hábitos cotidianos, tales como  tareas, actividades domésticas, juegos y sobre todo, porque les proporcionan mucho amor", explica la experta. Sin embargo, también puede acabar siendo una fuente de conflictos. Por esa razón, resulta necesario concretar los papeles de cada uno y procurar dejar muy claro quién es quién ante los pequeños. Ante todo, conviene que exista mucha comunicación entre abuelos y padres, lo que permitirá aclarar las dudas.

¿Complacientes o exigentes?
La mayoría de las veces los problemas surgen por asuntos de disciplina, ya que los abuelos tienden a ser más condescendientes lo que puede ser nocivo para los niños.

"La educación que brindaron los abuelos a sus hijos no es igual a la que reciben los nietos, los tiempos han cambiado y por lo tanto la forma de enseñar también. Los mayores no pueden dejar de lado la formación que los pequeños reciben de sus progenitores y mucho menos desestimar los valores y reglas que quieren trasmitirles", argumenta la psicóloga.

El criterio general es que los padres sean los modelos básicos de referencia, mientras que los abuelos deben desempeñar un papel complementario, respetando sus valores y haciendo cumplir las normas. Pero también, "aportando esa sabiduría que han adquirido a lo largo de la vida, y sobre todo, ese tipo de cariño y afecto que solo ellos pueden proporcionar a partir de muchas manifestaciones: un abrazo reconfortante, un consejo a tiempo o una palabra que les pueda orientar en las diversas situaciones que se les presenten", explica Quintana.

Estrechar lazos
Si los niños no conviven mucho con sus abuelos es recomendable, según los especialistas, que los padres traten de que compartan más, con la idea de fortalecer así la relación. Al respecto, si el pequeño ve un trato armonioso, saludable y constructivo entre sus padres y ascendientes, la suya será similar al imitar el respeto, amor, apoyo y otros aspectos que observe.

Los abuelos de hoy pueden emprender múltiples actividades con sus nietos, puesto que suelen contar con una mayor calidad de vida, mejor salud y mayor vitalidad que los de generaciones pasadas. Todo esto, respetando el tiempo disponible de ellos, y sobre todo procurando que dichas actividades alimenten la relación y sean de interés mutuo.

Irene Quintana brinda varias alternativas:

• Acompañarlos al cine o al teatro a ver alguna obra infantil o juvenil.

• Hablarles de su propia niñez y juventud, así como de los diferentes momentos históricos de la propia familia. Por lo general, los niños aceptan con agrado las anécdotas que los ascendientes pueden contar de sí mismos, de sus padres, tíos y conocidos.

• Compartir aficiones mutuas, como dar un paseo en bicicleta, tocar algún instrumento musical, ver algún programa de televisión, ir a pasear a un parque o caminar por un centro comercial.

• Leerles cuentos y libros adecuados a su edad.

• Hacerles partícipes de su mundo e intereses, como cocinar conjuntamente un postre que les guste, mostrarles lugares a los que acude regularmente, entre otras opciones.

Muchos abuelos colaboran con gran entusiasmo en el cuidado diario de los nietos y se sienten incluso muy realizados con esta labor. Sin embargo, los hijos no deben olvidar que la vida de sus padres no es para entregarla totalmente a esta misión, e incluso, hay ascendientes que no quieren o no pueden cuidar a los menores, y eso debe ser respetado y comprendido.

De allí, que los mayores no tienen por qué sentirse culpables si no pueden atender siempre a los pequeños, porque quieren dedicarse también a sus propios proyectos u ocupaciones. Seguramente, sus nietos también llegarán a valorar y admirar mucho sus búsquedas por ser cada vez más independientes y felices.

Señas
Irene Quintana. Psicólogo clínico. Email: irenequintana19@gmail.com


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