FAMILIA

¿Con quién debe dormir un bebé?

A veces la decisión descansa en la cultura familiar. Hay quien considera que el recién nacido debe estar en la misma cama con sus padres, pero otros defienden la tesis de darle un espacio propio para reforzar en el pequeño la seguridad...

por NÉSTOR LUIS LLABANERO  |  MIÉRCOLES 3 DE ABRIL DE 2013
"El niño nunca debe dormir con sus padres", asegura la doctora Raiza Saume, del Grupo Profesional Maros, integrado por especialistas en psicología. "Cada uno, padres e hijos, debe tener su propio espacio. Incluso, desde que el bebé sale del hospital".

Saume opina que la práctica de dormir con los hijos crea una dependencia afectiva que confunde al niño. Éste, el menor, puede interpretar que no puede estar separado del cuerpo de sus padres, según argumenta la experta en conducta humana.

Recomienda la psicóloga que resulta vital que la madre atienda los  requerimientos de todo niño, en momentos de hambre, frío, calor o cuando requiera compañía. Pero, eso debe producirse por momentos nada más; en ningún caso, de forma permanente.

La doctora Saume recuerda que durante los primeros meses, las madres están en contacto con sus hijos, pues éstos comen, regularmente, cada tres horas, lo cual obliga a la cercanía de ambos.

Sin embargo, explica que una vez que el niño haya comido -y la madre lo haya acariciado y atendido-  debe ser acostado en su cuna. Esto, según la doctora Raiza Saume, regala seguridad e individualidad a los menores. "Lo contrario, tenerlo en cama hasta los 4 ó 5 años, resulta una equivocación", considera.
 
Según la especialista, dormir con los hijos no resulta cómodo para nadie, y, entre otros aspectos, altera rutinas de pareja tan vitales como relacionarse sexualmente.

Quedarse toda la noche con los pequeños en sus camas, argumentando razones económicas que impiden otra posibilidad distinta, como diseñarles un cuarto, es solo justificar una práctica.

En esos casos, cuando la estrechez económica no posibilita diseñar un cuarto aparte, los mayores pueden dividir su habitación, utilizando, por ejemplo, un parabán, que no es costoso. Esa división hace pensar al más pequeño que ese, y no otro, es su espacio.

Los padres viven permanentemente en contacto con los niños cuando éstos nacen, lo cual es un detalle positivo, de acuerdo con la voz especializada, pero  tenerlos en la habitación del adulto no quiere decir tenerlos en la misma cama.
 
Ese aparente distanciamiento, hace que los padres aprendan a interpretar las señales de sus hijos. "Un bebé no necesita las 24 horas de contemplación. Necesita, eso sí, ser entendido y codificado en sus señales. Eso no requiere, en ningún caso, de compartir la cama, especialmente si han nacido sanos".

Los beneficios
Permitir que los más pequeños compartan la cama con los adultos, refuerza el vínculo afectivo. Éste sería uno de los argumentos para promover la práctica del colecho, nombre que recibe la costumbre de dormir juntos, padres e hijos en edad temprana.

Diferentes portales web presentan versiones similares en cuanto a la práctica del colecho. En ese sentido, defienden la tesis según la cual, el bebé que duerme con sus progenitores experimenta un sueño más profundo.

Por otro lado, apuntan que estar al lado de los recién nacidos posibilita que los padres reaccionen rápidamente a las eventualidades que puedan presentarse durante el sueño de los niños.

Sostienen que el colecho facilita a la madre la alimentación del infante y evita que la misma madre se levante durante la noche, facilitando así un descanso más placentero para los involucrados.


Coordenadas:
Psicóloga Raiza Saume
Centro Profesional Maros
Teléfono: 0212- 2614376


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