SALUD INFANTIL

Cuando la ansiedad llega a la vida de un niño

Enséñele a sus niños técnicas de relajación para moderar la alarma biológica de lucha o huida cada vez que el temor tome el control

DOMINGO 30 DE DICIEMBRE DE 2012
¿Acaso causa extrañeza que tantos niños sientan ansiedad? Como demuestra el reciente horror en Connecticut, actualmente los niños pudieran enfrentar realidades impensables, sucesos que sus padres y abuelos nunca pudieron haber concebido.

Sin embargo, buena parte de lo que temen los niños tiene orígenes más profundos en la imaginación que en la realidad. Los padres pudieran ser llamados para apaciguar ansiedades con respecto a  todo desde ruidos raros hasta agua, desde arañas en el jardín hasta monstruos debajo de la cama. Puede ser difícil reconfortar a niños sobrecogidos por temores irracionales.

Uno de los temores infantiles más comunes se relaciona con la separación del menor de sus padres. La ansiedad de separación es una etapa normal del desarrollo que típicamente empieza alrededor de los nueve meses y termina aproximadamente a los tres años de edad. Sin embargo, para Daniel Smith, el autor de Monkey Mind: A Memoir of Anxiety, el trauma de la separación de los padres estalló a los cuatro años y continuó hasta los 13 años de edad.

"Solía ponerme histérico, con náusea, incapaz de disfrutar cualquier cosa cada vez que estaba separado de mis padres", recordó en una entrevista. "Tenía un hueco en el estómago y sentía pinchazos helados en el pecho. Si bien yo había querido ir a acampar, cuando mis padres de me dejaron, el asesor tuvo que sacarme del automóvil jalándome de los tobillos".

Por supuesto, algunos temores son funcionales, como los que impiden que los niños corran riesgos del tipo de correr hacia el tráfico o tocar una estufa caliente. Pero, cuando la ansiedad interfiere con la capacidad del menor para llevar una vida normal - ir a la escuela, dormir en casa de un amigo, aprender a nadar o andar en bicicleta, cruzar una calle - se transforma en un desorden que a menudo amerita tratamiento.

Con base en Golda S. Ginsburg, experta en ansiedad infantil en la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, los trastornos de ansiedad menoscaban a uno de cada cinco niños en Estados Unidos.

"Si bien nos estamos desempeñando menos en la identificación de trastornos de ansiedad en niños y tenemos mejores métodos para tratarlos, su diagnóstico y tratamiento aún es insuficiente", destacó Ginsburg.

La raíz del problema
Ginsburg explicó que los desórdenes de ansiedad en la infancia típicamente resultan de una interacción entre biología y ambiente. Para algunos, como Smith, hay un firme componente hereditario.

Su madre, Marilyn, quien se volvió psicoterapeuta, sufrió intensamente de ansiedad durante toda su vida, aunque a final de cuentas aprendió a mantenerla controlada la mayor parte del tiempo.

Aun sin una influencia hereditaria, dijo Ginsburg, "Algunos niños nacen con cierto temperamento que incrementa su riesgo de padecer un trastorno de ansiedad.

Quizá sean de conducta inhibida; más tímidos y reticentes con respecto a acercarse a condiciones nuevas". Sin embargo, solo la mitad de esos niños terminan con un trastorno de ansiedad, agregó, en tanto algunos niños que no son inhibidos sí desarrollan estas condiciones.

Ginsburg dijo que la conducta de los padres también tiene efecto, particularmente padres de familia que "modelan" la ansiedad, comunicando verbal o conductualmente que algo es peligroso. Habló de padres que son sobreprotectores o excesivamente controladores, quienes identifican constantemente peligros en el mundo del niño que no son amenazas reales; advertirle a un menor, por ejemplo que no toque el barandal de unas escaleras porque está lleno de gérmenes.

Al describir cómo pueden interactuar genes y conducta, Daniel Smith escribió que "el niño registra quién lo está criando". "No fue sino hasta que casi tuve 20 años, ya bien entrado en mi ansiedad, que mi madre me habló explícitamente de su ansiedad y la pena que le causaba. Sin embargo, para ese momento ella esencialmente estaba hablando consigo misma. Yo me convertiría en ella", escribió Smith.

A diferencia de personas con psicosis, quienes temen riesgos inexistentes como micrófonos en sus molares, "quien siente ansiedad teme riesgos reales: enfermedades, desmembramiento, ataque, humillación, fracaso", escribió Smith.

Describió la ansiedad crónica como la "reina del drama de la mente". El peligro asecha a cada vuelta, sin consideración a cuan remotas las probabilidades de que efectivamente ocurra algo malo. Al igual que con adultos que padecen trastornos de ansiedad, el tratamiento más exitoso con validez científica para niños excesivamente ansiosos es la terapia cognitiva conductual, comúnmente llamada CBT), a veces combinada con un fármaco antidepresivo como Zoloft (setraline).

En efecto, CBT reprograma el cerebro, usando palabras y conducta para reemplazar pensamientos y acciones irracionales o disfuncionales con otros racionales. En un estudio de diversos centros entre 488 niños de entre siete y 17 años de edad que sufrían de ansiedad de separación, ansiedad generalizada o fobia social, tanto CBT como Zoloft, usados individualmente, redujeron considerablemente la severidad de la ansiedad, pero la combinación de ambos funcionaba incluso mejor.

Ofreciendo alivio
Tamar E. Chansky, psicoterapeuta que atiende a niños y adultos con ansiedad y escribió una guía práctica, Libere a su hijo de la ansiedad, dijo que el objetivo no era sofocar los temores de los niños sino ayudarlos a ver que sus temores son injustificados y que ellos pueden superarlos.

Ella creó un "plan maestro" para ayudarles a los menores a que logren  controlar su ansiedad:

- Sea empático con su hijo. Resístase a la tentación de decirle al menor que no hay nada de qué preocuparse, y más bien reconozca las inquietudes del niño y el efecto que tienen.

- Describa el problema como algo que viene del "cerebro que se preocupa", que salta a conclusiones y no es confiable. Póngale nombre a la preocupación, como "cerebro de bicho". Esto quita el enfoque del temor particularmente del menor y hace de la ansiedad en sí el problema.

- Reconecte y resista. Pregúntele a su hijo qué es lo que realmente le preocupa y qué piensa que pudiera ocurrir. Después, pregúntele si estos pensamientos realmente tuvieron sentido. Ayúdele a encontrar fuerza interior, la voz que le dice a la preocupación que no es ella quien manda.

- Enseñe técnicas de relajación para moderar la alarma biológica de lucha o huida cada vez que el temor tome el control.

- Ayude al menor a concentrarse en lo que él o ella quiere hacer y lo qué haría si la preocupación no estuviera al mando.

- Finalmente, refuerce los esfuerzos de su hijo, elogiándolo por haber logrado pasar por una dura situación.

Para aquellos que necesiten ayuda profesional, entre 10 y 20 sesiones de CBT pueden producir "una mejoría considerable en términos clínicos en 50 a 75 por ciento de los niños", dijo Ginsburg. "La ansiedad es una enfermedad crónica que puede surgir en tiempos de crisis ambientales o cambio", dijo.

Agregó: "Es importante prevenir. Quiero que los padres sean proactivos en vez de reactivos. Un ajuste menor puede prevenir que un resurgimiento de ansiedad interfiera con la vida de un niño".

Fuente:
AP/New York Times



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Comentarios (1)

Marfa Alvez
02.01.2013
7:29 AM

Comentario 4959420

Gracias y muchas felicitaciones por esta clase de artículos tan informativos y tan positivos para mejorar nuestra relación familiar. En un país con tantas adolescentes madres y en fin con tanta falta de educación familiar es necesario incrementar por estas vías en este caso este maravilloso medio masivo este tipo de articulo ya que de una manera sencilla y atractiva educa informa y forma a nuestras familias...Me pregunto si alguna vez se les ha ocurrido llevar esta revista a un medio televisivo, un espacio así sería maravilloso, televisión de primer mundo y las futuras generaciones lo agradecerían. Los tiempos actuales en nuestro país lo requieren y lo reclaman.. Por lo pronto gracias y éxitos para este nuevo año.


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