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Vivir el momento

Cuando se toma conciencia del placer y satisfacción que se sienten al disfrutar voluntariamente del momento presente, se produce una sensación de bienestar perdurable, tanto para el cuerpo como para la mente.

por BEATRIZ GARCÍA CARDONA  |  imagen: WWW.SHUTTERSTOCK.COM | SÁBADO 3 DE NOVIEMBRE DE 2012
Abrir espacio a placeres como la lectura y el compartir con los afectos se traduce en bienestar
"Se vive la vida para la preparación del mañana o en las remembranzas del pasado, y mientras tanto, se pierde cada día". Son palabras de la psiquiatra suizo-estadounidense Elisabeth Kubler-Ross, para explicar su defensa a favor de una existencia más consciente.

Ser fiel a lo que decreta el reloj puede tener un precio muy alto: el del bienestar y la salud, ya que el estrés y una mala alimentación a base de comidas precocidas y rápidas es una de las principales causas de enfermedades coronarias, digestivas y del sistema nervioso.

Antes de que un padecimiento asigne una parada obligatoria, es conveniente bajar el ritmo y adoptar medidas que lleven a vivir con mayor serenidad, disfrutar más del momento sin tener que posponer el bienestar hasta el próximo fin de semana o las vacaciones.

De hecho, existe el movimiento Slow vinculado con la organización Slow Food, creada en 1986. Actualmente tiene, merecidamente, muchos seguidores en el mundo entero. Su propuesta es la de cambiar la actitud del día a día, trabajando y disfrutando de ello, pero no viviendo para trabajar; comiendo a un ritmo más pausado, no devorando, y recuperando tiempo para hacer lo que se desee, aunque aparentemente no tenga un fin productivo: leer, comer, jugar, dar un paseo, meditar, disfrutar de una vista de sol o compartir.

Examinar prioridades
La premura se convierte en la excusa perfecta para no tener que reflexionar sobre la propia vida, pero si realmente se quieren cambiar ciertos aspectos de la realidad cotidiana, se ha de comenzar por detenerse a pensar cómo se siente con lo que es y lo que tiene, qué necesita realmente, de qué cosas y relaciones puede prescindir y cómo puede distribuir mejor su tiempo para que su vida gane tranquilidad y cobre más sentido.

"Con frecuencia tenemos que hacer varias cosas o escoger entre diferentes personas y nos cuesta trabajo hacerlo. Nos angustiamos porque no podemos elegir. Sentimos que todo es importante o no queremos quedar mal con nadie. Mientras más nos estresamos, más trabajo nos cuesta tomar una decisión", explica la psicóloga Silvia Russek.

Por eso, la necesidad de revisar las prioridades y dirigir las acciones en función de ellas. Una buena forma de comenzar es elaborar una lista con los tres o cinco asuntos que considera importante abordar durante el día en los diferentes ámbitos: trabajo, familia, casa, entretenimiento, relaciones sociales, apunta la especialista.

Es necesario ser realista y procurar que exista un equilibrio entre las obligaciones y las acciones que impliquen un disfrute personal. Da esta sugerencia: Lo que al final de la jornada no se ha podido cumplir se puede pasar al inicio de la lista del día siguiente para que así, día a día, se puedan ir atendiendo los diferentes propósitos planteados y para que, al mismo tiempo, lo no realizado no pese en la mente provocando ansiedad e inquietud.

Degustar la comida
En opinión de los nutricionistas, comer sin prisa es fundamental si se quiere que los nutrientes ingeridos resulten provechosos. Es importante recordar que tan vital actividad es un placer, por tanto la recomendación es masticar todo lo que se pueda, para conocer el sabor y la textura de lo que come. De esta forma se alargará el goce, facilitándose la digestión y ahorrándose molestias futuras.

"El estrés impide que los órganos encargados de la digestión reciban un aporte sanguíneo adecuado, por lo que cuidar escrupulosamente la comida, seguir una dieta personalizada o tomar un sinfín de vitaminas puede resultar insuficiente: si no se metaboliza lo que se come todos estos esfuerzos serán vanos", escribe Joe Dispenza en Desarrolla tu cerebro (Esfera de los libros, 2009).

Comer apurado y con ansiedad lleva a ensalivar mal y a llenarse de aire, lo cual puede acabar provocando gases, dolores abdominales y sensación de hinchazón.

Concederse un tiempo para apreciar lo que come, así como alimentarse con productos frescos, sanos y libres de grasas nocivas es esencial para el buen funcionamiento del organismo.

Además, diferentes estudios apuntan que comer con rapidez hace que se ingiera más y por tanto que se gane peso, ya que, según estudios de nutrición,  cuando se come apresuradamente la sensación de apetito se prolonga, lo que conduce a innecesarios excesos.  De allí la invitación a comer con calma.

Viajar sin presiones
Las vacaciones son para muchos el momento más oportuno del año para relajarse por completo y tomarse la vida con más calma. Eso, si no se convierten en una extensión del día a día laboral, organizándolas en exceso y privándolas de la improvisación que requieren para que de verdad permitan vivir el momento y disfrutar.

Un objetivo interesante es intentar no programarlo todo. Al salir de viaje conviene prever ciertas cosas (sobre todo si se va al exterior), pero resulta muy sugestivo ir viendo cómo discurre el viaje y actuar sobre la marcha. Querer verlo todo siguiendo un programa rígido impide profundizar en lo más atractivo.
Lo mejor de los viajes es la posibilidad que ofrecen de situarse en escenarios, culturas y maneras de hacer diferentes a la propia. Viajar con el ánimo receptivo y la disposición de adaptarse a otras formas de vida enriquece la experiencia, la dota de más significado y es una oportunidad de ejercitar la flexibilidad.

Recuperar la lectura
La prisa diaria hace que muchas veces se renuncie al placer de leer, por el simple hecho de hacerlo y no solo valorando la utilidad concreta de lo que se lee. Se desaprovecha así una de las experiencias más enriquecedoras y entretenidas a las que se tiene acceso de forma viable.

Leer en un transporte público de camino al trabajo, en la playa, sentado en un cómodo sofá, puede resultar muy estimulante: los libros permiten volar al mundo de las fantasías a partir de las palabras, constituyen una fuente de enseñanza y tranquilizan la mente al lograr abstraerla del bullicio cotidiano.

Reaprender a jugar
A correr, al ajedrez, a las cartas... jugar, ya sea con los hijos, sobrinos, o con niños de su comunidad permite entrar en un tiempo presente en el que lo más importante es lo que se está haciendo; retozar y disfrutar, sin más preámbulos ni expectativas. Las bondades de estos momentos son muchas: permiten dejar de hacer otras cosas y al mismo tiempo se otorga a esos niños la atención que merecen.

Acercándose a ellos en sus esparcimientos, se profundiza en la relación, que no se circunscribe solo a la educación y el consejo sino que se amplia a compartir el tiempo de ocio. Se crea así una mayor complicidad; y tanto ellos como los adultos salen del estrés cotidiano para pasar a vivir un tiempo de risas, diversión y afecto que siempre se guarda en el recuerdo como un regalo muy querido.

Recuerde, una vuelta a la vida tranquila o slow no significa pasividad, sino una redistribución de la energía vital hacia valores y actitudes, con el propósito de lograr una saludable y mejor calidad de vida.

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