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Bienestar

Todo por los abuelos

En una hacienda cercana a Las Tejerías en Aragua, ancianos que vivían en abandono consiguieron una segunda oportunidad. El proyecto -gerenciado por la Fundación UMA, de la cual Norelys Rodríguez es vocera- necesita recursos para expandirse, pero lo que ya está en pie demuestra cuánto logran solidaridad y tesón cuando se dan la mano

por EFRAÍN CASTILLO | DOMINGO 2 DE OCTUBRE DE 2011

12 abuelos en situación de abandono encontraron refugio y atención social. Foto: Leo Álvarez & Mariana Green /Cortesía UMA

Bucólico y cálido. Así puede describirse el paisaje que reflejan las imágenes de la Hacienda Mi Cagüita, 65 hectáreas de tierras fecundas y árboles que dan sombra en plenos valles de Aragua. En su extensión viene germinando uno de los planes más ambiciosos de la Fundación UMA, organización no gubernamental que nació en 1998 cuando Alejandro Pérez Bolaños decidió cambiar su trabajo como productor de eventos y se unió al párroco diocesano Enrique Hernández para hacer realidad su pasión de niño: ayudar a otros. "Curiosamente, el espacio lo obtuvimos mientras hacíamos una rifa profondos para la fundación -recuerda Norelys Rodríguez. Allí se nos acercó el propietario del terreno y nos dijo: 'No voy a comprarles la rifa, voy a donarles la hacienda, pero con una condición: que sea dedicada a atender a personas mayores de la zona, porque hay muchas abandonadas'".

Y así empezaron a hacerlo. Con el nombre de La Ciudad de la Alegría, el proyecto busca hacer honor a las características del lugar y convertir la extensión de verde y aire fresco en albergue y centro de formación para muchachos entre 5 y 18 años y ancianos en situación de abandono, con el fin de promover su integración social y laboral en convivencia con el medio ambiente. La fase piloto funciona desde el 17 de noviembre de 2009 y se trata de la Casa Hogar La Guadalupe, espacio que se levantó en lo que era la casona de la hacienda y sirve como residencia y centro de cuidado para adultos mayores de sectores aledaños a Las Tejerías.

Nuestros abuelos tienen entre 80 y 94 años de edad y son de esta área rural. Muchos fueron olvidados por sus familiares o simplemente vivían a su suerte -dice Alejandro Pérez, presidente de la fundación. La casa hogar rompe los esquemas tradicionales de los albergues para ancianos porque funciona como una vivienda de puertas abiertas de la que ellos pueden entrar y salir cuando deseen, pero, sobre todo, porque allí se sienten como parte de una familia. Cuando yo tenía 13 años visitaba ancianatos y me daba dolor ver cómo muchos de esos lugares eran (y siguen siendo) depósitos de seres humanos arrumados como cosas viejas. En el caso de muchos abuelos abandonados hay un pase de factura de familiares por lo que hicieron o no hicieron. Nosotros no somos jueces de nadie. Este refugio busca marcar la diferencia dándoles calidad de vida, haciéndolos sentir queridos, útiles y manteniendo sus ganas de seguir adelante".

Además de un techo, los viejitos reciben alimentación y asistencia social, participan en talleres laborales y actividades recreativas y son apoyados por médicos, trabajadores sociales, enfermeros y terapeutas ocupacionales. "Ésta es una casa donde los abuelos se ríen y no donde esperan con tristeza la muerte. Los abuelos tienen su propio huerto y reciben asistencia espiritual, todos los sábados van a misa, realizan paseos y gracias a convenios con agencias de viajes los llevamos de vacaciones. Nosotros queremos hacerles sentir que sí le importan a alguien", agrega Pérez.

La Guadalupe recibe actualmente a 12 adultos mayores. Sin embargo, se requieren cerca de 800 mil bolívares para llegar a más personas. "Es necesario para culminar, en una primera etapa que quisiéramos finalizar en el primer semestre de 2012, la ampliación de la residencia. Así podremos atender a otros 30 abuelos. Además, queremos construir las viviendas para los niños en situación de abandono y necesitamos recursos para terminar un centro llamado Granjarte (proyecto ganador de dos concursos, uno del IESA y otro de la Fundación Ideas), el cual será un lugar de capacitación en el área artística, agrícola, tecnológica y humana, para no sólo beneficiar a los niños y abuelos de La Ciudad de la Alegría sino impactar a las comunidades aledañas".

Las siglas de la Fundación UMA aluden a la frase "Una Mano Amiga". Extenderla es precisamente lo que pide Perez Bolaños a empresas e instituciones gubernamentales. Y es que, además del albergue de Las Tejerías, esta ONG maneja dos proyectos que están en pleno funcionamiento y también requieren recursos permanentes: una residencia granja para 27 niños entre cinco y 12 años abierta en San Diego, estado Miranda, y una misión de asistencia social y humanitaria a caseríos del estado Mérida. "Nosotros trabajamos con una red de más de 100 voluntarios, pero es muy cuesta arriba mantener estos proyectos operativos porque tienes un equipo especializado que incluye odontólogos, gerontólogos, nutricionistas, trabajadores sociales, choferes de transporte, cuidadores diurnos y nocturnos. Además, necesitamos recursos financieros e insumos de alimentación, vestido, medicinas y equipos. Sabemos que el país está en crisis, pero la ayuda es bienvenida. Aquí convocamos a empresarios y organizaciones sin distinción partidista, porque nuestros niños y abuelos no tienen bandera política. Ayudamos a todos por igual porque no hacemos de UMA un circo de colores sino una oportunidad de construir un país mejor".

Por eso Alejandro Pérez va más allá y hace un llamado al ciudadano común. A través de campañas divulgativas profondos encabezadas por Norelys Rodríguez, la Fundación UMA busca sensibilizar a la gente y motivarla a patrocinar los proyectos de niños o ancianos, pero también a comprometerse y participar. "Nuestro lema es que 'los ángeles están en la Tierra y seguimos buscando ángeles'. La idea es llenar el territorio nacional de ángeles que ayuden con los proyectos, que aporten cuanto puedan; pero que más allá del dinero se involucren con su tiempo y esfuerzo. La mejor inversión que alguien puede hacer en su vida es ayudar a otros porque cuando tiendes la mano al que necesita haces tu vida más próspera. Esa colaboración desinteresada es un boomerang positivo que le lanzas a la vida y regresa a ti en forma de bienestar y satisfacción. La gente tiene que terminar de entender que no podemos seguir encerrados en una burbuja mientras en nuestras puertas hay muchos que necesitan".

De hecho, Pérez recalca que el sueño de UMA se ha ido multiplicando en obras por más de una década, gracias a una palabra que se vuelve verbo: solidaridad. La misma que cree hará cambiar al país, aun en medio de crisis y polarización. "La solidaridad es poderosa porque hace que la gente se active y deje de pensar que hace falta un superhéroe o un Mesías para resolver los problemas. En la medida en que cada individuo se vuelve un ente activo y se percata de que su esfuerzo personal puede cambiar muchas cosas, la sociedad se hace distinta. Y no se trata de salvar el mundo o crear una fundación sino de ponerse en el lugar del otro, empezar a entender y atender al que tenemos al lado. Cuando hagamos más por impactar nuestro entorno inmediato, eso se reflejará en una sociedad más justa. Después de 13 años de trabajo social, yo he comprobado que las cosas sí pueden mejorar, pero hay que anotarse y actuar. No quedarse mirando".

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