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Festejar sin perder la salud

Navidad es sinónimo de tradición, encuentros regalos, espiritualidad; sin embargo esta palabra mágica también puede estar asociada a kilos de más y problemas de salud. En las líneas que siguen varios especialistas regalan a los lectores datos para cuidar la alimentación en tiempos de Pascuas

por ÁNGEL FREITES MOLINA  |  DOMINGO 19 DE DICIEMBRE DE 2010

Partamos todos a Belén, que el niño acaba de nacer. Hallacas, vino y pan le vamos a ofrendar al niño que está en el portal". Este aguinaldo del compositor César Alejandro Carrillo ilustra a la perfección lo que ha sido y será la piedra angular de la tradición navideña venezolana. Durante las festividades decembrinas todo parece girar en torno a la comida como símbolo de abundancia y convivencia. En este país son conductas fuertemente arraigadas gastar mucho dinero en comida, planear exquisitos menús, montar fabulosas mesas navideñas, preparar manjares en familia y caer en excesos al comer y beber, porque siempre existe un mes llamado enero, perfecto para arrepentirse y enmendar las faltas.

Las costumbres o tradiciones remiten a comidas aderezadas y repletas de ingredientes distintos o poco habituales, con fuertes o exóticos condimentos, altos porcentajes de proteínas, grasas y toxinas, que dejan evidentes huellas en la salud. Los estudios estadísticos indican que la mayoría de las personas tiende a engordar durante estas fiestas entre dos y tres kilos tras degustar estos manjares sin mucho control.

Lo que dejan los excesos
De acuerdo a su experiencia clínica, el médico internista Rodolfo Catanho precisa que las patologías asociadas a los excesos de fin de año son, generalmente, infartos, accidentes cerebrovasculares, hiperglicemias (para los diabéticos), cirrosis hepática, pancreatitis, gastritis, úlceras gástricas, sin contar todas las consecuencias asociadas con el abandono de los tratamientos porque se tomarán "unas copitas" y, por supuesto, los accidentes automovilísticos por las intoxicaciones etílicas.

Para el naturópata Rafael Sánchez los órganos que más sufren con los excesos navideños son el estómago y el hígado. Sánchez explica que el cuerpo emite mensajes de auxilio ante los cuales nadie debería hacerse el sordo. Señala que el estómago no es un saco en el que se mete en forma indiscriminada todo tipo de alimentos sin control. El estómago avisa cuando ya no puede más a través de síntomas directos o indirectos como gases, dolores de nariz, labios o barbilla, ingles, mal aliento, diarrea, estreñimiento, inflamación de la mucosa gástrica, vómitos, ardores...

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