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  • MARIÁNGEL PAOLINI

15/07/2018 12:00 am

Cuando algo está “de moda” podemos darnos cuenta de inmediato: se desata un furor asociado con la utilización masiva de una idea, durante una ventana de tiempo que usualmente es corta. En la mayoría de los casos son personajes con mucha influencia en el consumidor y como tal, inducen el comportamiento y el consumo de tal o cual producto. 

 Es cada vez más frecuente encontrar que personas con cierta reputación y fama, aparecen en sus redes sociales promocionando productos que han llegado a sus manos con la intención de darlos a conocer a su grupo de seguidores. Estos influencer como se les conoce en el mundo del mercadeo, rara vez tienen suficiente información para emitir un juicio sustentado con base científica y orientan su recomendación por el simple gusto o placer de usarlo. Esto parece un acto inocente, pero qué pasa cuando un grupo importante de consumidores se avalancha a comprarlo y usarlo sin revisar si funciona para ellos, si es saludable o incluso si es potencialmente un riesgo para su salud.

No tengo nada en contra de los influencer, no quiero parecer descortés, sin embargo, me mueve el impacto que generan en sus comunidades y el problema que se manifiesta en la consulta, cuando un paciente refiere que tal o cual figura lo consume y que por eso, consideró probarlo o usarlo.

Resulta tan gracioso como absurdo entonces lo que ocurre en las redes cuando aparece una publicación que argumenta con bases, los riesgos de asumir tales modas, como comer sólo sopas, eliminar todos los carbohidratos, tomar bebidas con efectos casi milagrosos. Una avalancha de defensores sale al paso para defender algo que ha sido rebatido por la ciencia de la salud. 

Osteoporosis, hipertensión, insuficiencia renal o hepática, problemas tiroideos, anemia, entre otras, son algunos de los riesgos que podemos correr cuando intentamos seguir algunas dietas de moda sin la consulta previa al especialista. De igual forma, se ha creado un culto a una figura casi esquelética que terminando afectando la salud mental de aquellos que no logran lucir como estas figuras que admiran y en muchos casos lo que vemos es producto del photoshop.

Los niños y jóvenes suelen ser los más importados por estas modas extremas, escuchar a una niña de 8 o 9 años decir que no come torta porque engorda es algo total absolutamente desproporcionado. El culto por ideales irreales, en una cultura mixta como la nuestra donde abundan las curvas es infame y debe ser atendido de inmediato. 

Y no crea que sólo afecta a las niñas, los chicos quieren lucir como los personajes de sus historias favoritas, musculosos y agrandados. Ellos no tienen capacidad para entender que sus cuerpos están en desarrollo y que esa figura no es idónea a su edad, pero la añoran. 

Tenga en cuenta que todo plan para pérdida o ganancia de peso debe ser siempre superviso por un especialista, que además de monitorear la balanza, tenga la posibilidad de revisar otros aspectos de vital relevancia en la salud del paciente. Sé que el tema estético es el principal motor para muchos, pero créame que podría poner en riesgo su salud y la de su familia. Mi invitación es y será siempre, reconectarse con el cuerpo, reconocer lo que le funciona y aprender a discernir entre hambre y ansiedad. Cuando logramos separar ambas sensaciones corporales, podemos dar el siguiente paso para resolver nuestros asuntos con la comida. Esta, si se quiere es una tendencia muy actual, aprovechando la incorporación de prácticas como la alimentación consciente (mindful eating) a la práctica diaria, con la intención de sanar nuestra relación con los alimentos y procurar un camino de salud y bienestar.  

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