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Salirse de la rutina

por MARIÁNGEL PAOLINI  |  imagen: ARCHIVO DIGITAL | MIÉRCOLES 11 DE ABRIL DE 2018
Nuestro consumo de sal está atado a un sin fin de experiencias que tienen un factor común: son aprendidas.

Como tenemos un estilo de vida que nos lleva a alta velocidad, el momento de comer generalmente se hace en lo que yo llamo "piloto automático", es decir, sin mayor planificación ni atención a pequeños detalles como revisar la cantidad de sal que vamos consumiendo a lo largo del día.

Piloto automático más conductas aprendidas (sin revisión de causas y efectos) son la fórmula perfecta para el desastre y, para muchos, la razón por la que todas las campañas que invitan a reducir el consumo de sal han fallado. Si usted no entiende por qué no puede parar de comer "salado" será muy complejo invitarlo a reducir el consumo.

Hay dos condiciones en las cuales los animales, incluidos los humanos, optamos por consumir sal. La primera, que ha sido ampliamente estudiada en animales, se produce cuando existe una verdadera necesidad de sodio, tales como la experimentada por muchos animales que comen plantas y que viven en entornos de bajo contenido de sodio. Esto se llama necesidad sal.

Algunos investigadores han documentado que una serie de hormonas así como el sistema nervioso central se ven realmente comprometidos cuando hay una deficiencia en sodio, lo que motiva a la búsqueda de sales de sodio y de ese modo a restaurar el equilibrio de minerales y electrolitos.

La segunda condición, ocurre cuando no hay necesidad aparente de la sal, es decir, cuando el sodio en el sistema es suficiente para todas las necesidades corporales. Esto se ha denominado preferencia sal.

No hay una explicación coherente para este comportamiento, simplemente consumimos sal más allá de lo necesario, por puro placer. La buena noticia es que este comportamiento es maleable, es decir, que podemos aprender a ingerir menos sal, sin que eso represente un sufrimiento para todos en casa.

Lo primero que le invito a hacer es entrar en contacto con su necesidad genuina, es decir, aprender a reconocer cuándo está deficitario de sodio. Como este trabajo es complejo (ya lo han demostrados cientos de estudios) le invito a medir, diariamente la cantidad de sal que ingiere a lo largo del día. Será una tarea titánica, pues hasta en los dulces encontraremos cantidades significativas de sal que necesitaremos conocer para medir.

Mucho del sodio que ingiere de manera inadvertida está contenido en los productos procesados, así que se hará un experto en interpretación del etiquetado nutricional (algo que le será muy útil). Finalmente, y la más fácil de todas, es medir la cantidad de sal que le agregas con el salero de mesa una vez que el plato está servido.

Cuando logre tener esa cantidad de sal bien documentada, le invito a compararla con la cantidad recomendada por la Organización Mundial de la Salud: 5 gramos de sal, lo que equivale a una cucharadita para todo el día. Le sorprenderá el resultado.

Ahora que sabe por cuanto se ha excedido diariamente, estoy segura que le será más sencillo comenzar a trabajar en su plan de reducción de sal, con gentileza, SALiendose de la rutina y apagando el piloto automático. ¡Salud!


Relacionado con: sal, cocina segura

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