ESPACIO PUBLICITARIO
 |  
 |  
Notas
Síguenos desde:

Domingo en familia: Los Moanack

La séptima entrega de esta serie de crónicas gastronómicas lleva a la mesa los marcados perfumes y sabores libaneses, preparados -amorosamente- por madre e hijo

imagen: GASTROBRAND | DOMINGO 25 DE MAYO DE 2014
De izquierda a derecha: Saúl Moanack, Marvic Ruiz, Amarillys Urbano de Moanack, Jorge Moanack con su hija Camila, Yuruaní Bottini y Lila González
La cocina familiar, lo sabemos, es una gran cocina. Tiene valor porque posee heredades, memoria y otorga felicidad. Esto quedó refrendado en casa de los Moanack. Al llegar allí, su saludo de bienvenida fue un plato de frutos secos; y desde nuestra llegada hasta el adiós, no dejaron de mimarnos a la fotógrafa y a mí con bocados. Entendí eso que acertadamente se dice de los libaneses, y es que con sus coloridos y perfumados sabores, servidos en abundancia, ellos expresan su afecto.

La cocina de Amarillys Urbano de Moanack es el resultado de la amalgama de sabores de distintos orígenes. Ella es guayanesa y descendiente de italianos; se casó con Said Moanack Vahlis, cuyos padres eran de Líbano. "Fue mi único novio. Me casé a los 26 años y enviudé a los 51. Said siempre, al igual que mis tres hijos, celebró mi sazón".

Ella aprendió a cocinar con tías libanesas. A sus tres hijos (Saúl, Said y Jorge) les gusta comer y lo hacen con fundamento. De ellos, Jorge es quien heredó el gusto por cocinar, aunque Amarillys me advierte que en la familia Saúl es el encargado oficial de hacer la parrilla.

"Con papá, gran viajero, aprendimos a probar de todo, él siempre nos llevaba a restaurantes de distintas culturas gastronómicas y mamá nos acostumbró a comer esta diversidad", cuenta Saúl. "Somos unos libaneses reencauchados -define Jorge. Nuestras preparaciones son recetas que, manteniendo su esencia, hemos adaptado. La cocina libanesa tiene diferencias en relación con la árabe; no son lo mismo".

Esto último lo explica Martha Rose Shulman en su libro Atlas mundial del gastrónomo. "La cocina de Oriente Medio se divide en tres grandes grupos: la gastronomía persa, la israelí y la árabe. De los países árabes, la capital del Líbano, Beirut, fue conocida como el 'París de Oriente medio' y su cocina ha sido muy valorada por su complejidad y sutilezas".


Madre e hijo
Platos de tradición -muchos conocidos entre los venezolanos- integraron el menú: falafel (croquetas de garbanzos), baba ganouj (crema de berenjenas asadas con salsa de ajonjolí), tabule, empanaditas de acelga, kibbe crudo y tabaquitos ("con hojas de parra de mi casa", dice Amarillys con orgullo).

"Al igual que mamá, me gusta cocinarle a los demás", dice Jorge, mientras se prepara para la faena. Este encuentro resultó muy especial para mí y la fotógrafa, pues a lo largo de esta serie de crónicas gastronómicas fue la primera vez en la que vimos como madre e hijo dieron forma al menú de domingo.

Antes de empezar, Yuruani, la esposa de Jorge, preparó una limonada. Al hacerla, no exprime los limones como uno acostumbra. Ella le quita la concha a los limones, luego los pica en pedazos y los coloca en la licuadora con azúcar, agua y abundante hierbabuena. "Al servirla, lo ideal es no colar para apreciar la textura". Refrescante en este cálido domingo.

La cocina libanesa es laboriosa. "Cada preparación requiere su tiempo; hay platos, incluso, que saben mejor de un día para otro", explica Jorge mientras muestra el relleno de acelgas que hicieron el día anterior. Entre los dos le van dando forma a las empanaditas. "El truco en el relleno es el punto de limón, y, eso sí, que sean fritas", afirma Amarillys.

Es gracioso verlos discutir sobre ingredientes y proporciones. En el tabule (ensalada con trigo, hierbabuena, tomate, perejil, cebolla y cebollín), por ejemplo, Amarillys prefiere usar aceite de maíz y no de oliva, a diferencia de Jorge. "Así lo vi preparar en la embajada; yo soy tradicional", dice la madre. En lo que sí coinciden es en un truco para que quede bien la ensalada: "Al terminarla de aderezar no debe quedar seca".

Se disputan quién hará el kibbe crudo. Ella se lo cede al hijo, quien procede a lavarse las manos con limón. Para esta preparación recomiendan comprar chocozuela. "Es un buen corte. Lo importante es que sea carne de primera, lo más magra posible, y pedir en el frigorífico que la muelan dos veces".

Amarillys invita a Camila, la nieta, a amasar los falafel, invitación que la niña acepta con evidente entusiasmo. "A mi abuela le queda todo bien; adoro su kibbe crudo", me dice.

Buena conversadora, Amarillys habla todo el tiempo sin perder concentración en su hacer. "Siempre ha sido así", dice Saúl, quien junto con Marvic, su esposa, apoyan en la cocina: organizan ingredientes, lavan lo que se va ensuciando, fríen las empanaditas y los falafel.

Amarillys pone a probar a todo el mundo mientras cocina (incluidas las invitadas), preguntando: "¿qué tal está?, ¿qué le falta?". Jorge rectifica las preparaciones. Ella le dice: "no le pongas tanta sal". "¿Ves?", dice el hijo riéndose. "Ella me pregunta y, luego, me quita la razón. Así somos".


A la mesa
Todo está impecablemente servido. "Somos exagerados con la comida", dice Yuruaní cuando nos sentamos felizmente a comer. Cada quien sirve en su plato los platos de su apetencia, regados con vino tinto. Saúl muestra como come el kibbe crudo: toma un pedazo de cebolla cruda, le pone el kibbe, un toque de crema de ajo y una hojita de hierba buena: parece un barquito. ¡A la boca! Amarillys ahora es otra: lenta y calladamente come; pareciera que está evaluando cada plato.

"Superó a la maestra", dice Amarillys, refiriéndose a lo bien que le quedó el kibbe a Jorge. "Somos críticos en el buen sentido y no nos engañamos. A veces los platos nos quedan de 20 puntos, otras veces de 17, otras de 15", dice el hijo cocinero. Agrega Amarillys: "Y otras de 12... ". Todos ríen.

Saúl trae los postres (una bandeja de dulces con frutos secos, algunos endulzados con miel) diciendo que prepararlos le llevó toda la noche. Marvic guiña el ojo y susurra: "Se compraron en Arabito". Café (y un Cointreau en las rocas) despidieron este feliz y perfumado domingo. "20 puntos, susurramos ahora la fotógrafa y yo".


Relacionado con: comida libanesa

Participa (envíanos tu comentario).

 

Comentarios (1)

Alberto Perez B.
26.05.2014
7:42 AM

Enhorabuena a la familia Moanack, en especial a mi amigo Jorge (excelente Urólogo, les faltó mencionar). Saludos¡¡


VÍA RÁPIDA A:  
ESPACIO PUBLICITARIO

AHORA EN ESTAMPAS

Eyla Adrián: "Con Andrés el modelaje ha podido más que las palabras"

El 26 de diciembre de este año Eyla Adrián y (...)

ENTRETENIMIENTO Carlos Cruz: Un cargamento de seriedad

Traslada encima una masculinidad que, para un (...)


 

BELLEZA Y MODA Siempre labios rojos

Inspiración y origen El rojo es el rey de la (...)

CUERPO Y MENTE El entrenador personal de la era digital

Levantarse por la mañana con una botella de agua (...)


 

HOGAR Y ESTILO Prácticas literas

Las literas son uno de los muebles favoritos para (...)



ESPACIO PUBLICITARIO
BLOGS
Ser Espiritual, TERESA LEÓN

Recupera tu energía

En esos momentos en que estás sometido a una avalancha de textos, videos y (...)

Punto Paladar, ADRIANA GIBBS

El paisaje del Penedés en tres copas

520 años tiene Bodegas Raventos i Blanc, bodega de tradición familiar en la (...)

Pare y respire

He visto en varias esquinas la señal de transito conocida por todos que dice: (...)




 
Cerrar
Abrir