Domingo en familia: Los Da Ruos

Norma y Héctor ofrecieron un menú argentino -asado, choripán, empanadas, malbec y tango- que acá se cuenta para saborear la cuarta crónica gastronómica de esta serie

por ADRIANA GIBBS  |  DOMINGO 15 DE SEPTIEMBRE DE 2013
Re-li-gio-sa-men-te todos los domingos los Da Ruos Trubint se reúnen a comer. La cita familiar siempre es en la casa de Norma y Héctor, quienes reciben a sus hijos y nietos. La cocina está a cargo de Norma, pero si el menú es asado (así llaman los argentinos a lo que los venezolanos conocemos como parrilla), las faenas son compartidas: Héctor, ayudado por su hijo y su nieto, conduce las carnes al calor de las brasas, mientras Norma se encarga de los contornos y del postre. Cuando les invité a presentar los sabores de su país de origen -Argentina- en la serie Domingo en familia, el asado fue el plato central elegido por ellos, en compañía de otras preparaciones típicas del Sur.

Norma y Héctor nacieron en Entre Ríos, una provincia cercana a Buenos Aires. Allí empezaron su noviazgo en 1958. Ella tenía 17 años. Él, 18. Se casaron en 1966 y diez años después se vinieron a Venezuela. Héctor es hijo de italianos. Norma, de papá húngaro y mamá española. "Papá enseñó a cocinar a mamá. En mi casa se comía húngaro", dice Norma, quien también da vida a recetas húngaras aprendidas con su madre.
La fotógrafa y yo llegamos a la casa de los Da Ruos y nos ofrecen como trago de bienvenida un Fernet (ese licor amargo elaborado a partir de la maceración de 27 hierbas). Y es que de Italia -producto de la inmigración que recibió el país desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX- los argentinos heredaron esa maravilla de costumbre llamada aperitivo. Puede ser un Fernet, un Vermú o una copa de espumoso.

Así nos prepara Norma el Fernet en vaso largo con hielo: tres medidas de Fernet, dos de Cinzano blanco y un toque de soda. "Este licor tiene mucha popularidad en Argentina y cuando uno recibe amigos en casa, previo a sentarnos a la mesa, siempre convidamos un trago para preparar el ánimo a comer diciéndoles 'vamos a tomarnos en copetín'; siempre, eso sí, en compañía de una 'picadita': aceitunas, quesos y salamín (esto es, salchichón)".
Norma y Héctor tienen dos hijos: Mara y Germán, quienes llegan a con sus parejas -Oscar y Leslie, respectivamente- y sus hijos: Daniel y Andrés, Iván y Mariana. Son los cuatro nietos a quienes Norma mima los domingos con empanadas argentinas. Ellos la llaman abuela "Peti" ("la palabra es el diminutivo de pequeño", explica Héctor).

"Si los chicos no quieren comer, uno les dice: 'Esto lo hizo la abuela Peti' y uno consigue que se lo coman de inmediato porque a ellos cuatro les encanta todo lo que Norma prepara; ella tiene fama de muy buena cocinera entre los nietos", afirma Leslie, la nuera de Norma y Héctor.

"En esta casa siempre se come bien", afirma Oscar, el yerno. Añade Daniel, el mayor de los nietos: "Uno no sabe lo que la abuela hará el domingo, pues ella siempre nos lo tiene reservado como sorpresa; lo que uno sí sabe es que será sabroso". Acto seguido Daniel se dispone a ayudar al abuelo en las labores del asado que tienen lugar en un jardín. El abuelo Héctor empezó a entrenar a su nieto en estos menesteres cuando cumplió 11 años de edad.

Los nietos más pequeños se sientan en el sofá a ver televisión. "Los chicos me piden empanadas todos los domingos; las preparo con frecuencia pues a ellos les encantan", dice Norma mientras nos conduce a la cocina para mostrarnos lo que ya lleva encaminado. En el horno una bandeja de empanadas y sobre la mesa otra que acaba de salir de allí. "Las de hoy están rellenas de carne, a la manera clásica".


A la mesa
Los abuelos anuncian, a la una de la tarde, que ya es hora de comer. Norma cuenta que los puestos son fijos y que cada quien se ha apropiado naturalmente de su lugar en la mesa. En el centro hay una flor por la que ella siente particular debilidad: la orquídea.

"Así los argentinos solemos disfrutar el asado del domingo: primero los chorizos y, preferiblemente, en un buen choripán", dice Héctor. El pan de costra dura lo trajeron Germán y Leslie. Abren el pan, colocan el chorizo, picado por la mitad transversalmente, y lo rocían con chimichurri. Este es un aderezo (con cierto toque picante) que se usa para realzar el sabor de la carne; se considera que ha contribuido a la fama internacional del asado argentino. "Otra manera de disfrutar el asado, más venezolana quizá, es el plato con la carne, el chorizo, la morcilla y los contornos", cuenta Oscar.

Daniel descorcha una botella de malbec (la uva que los argentinos han hecho suya) y cada quien se sirve en copa. "El asado lo acompañamos con distintas ensaladas", explica Norma. Para el almuerzo de hoy preparó dos muy clásicas entre los sureños: la llamada criollita, que consiste en tomate, cebolla y pimentón rojo picado en cuadritos, aderezado con oliva, un toque de vinagre de vino y sal; y la ensalada de papas con huevo sancochado. La cocinera detalla su preparación: "Se pone la papa en su concha a cocinar en una olla con agua hirviendo. No la dejo por mucho tiempo para que no pierda consistencia. La pico en ruedas y mezclo en un bol con huevo duro picado también en ruedas. Se adereza con mayonesa casera, pero yo lo hago con yogur para hacerla saludable, y mezclo con cebolla rallada, hojitas de perejil, sal, pimienta y un toque de comino".

El malbec se acaba y Héctor descorcha otra botella de vino. "Probé este tinto elaborado por Pomar con la uva tempranillo y me agradó", dice mientras lo sirve.

Todos conversan y bromean entre ellos con abierta naturalidad. "Estas reuniones nuestras se resumen a comida, preguntas indiscretas e ironía. A los argentinos les gusta conversar y la comida es buen punto de partida para ello", revela Héctor. "En realidad, aquí se hace terapia familiar todos los domingos, bromea Oscar haciendo alusión a la conocida práctica de los argentinos de psicoanalizarse.

Norma ha ideado dos maneras de endulzar la mesa: Trae higos, naranja y mango picaditos en un recipiente. Su hijo Germán le ayuda a servirlo en pequeños bowls con helado de mantecado: la combinación es deliciosa. Y también trae una bandeja de pastelitos de membrillo que los nietos celebran con entusiasmo. "Este postre lo hacía siempre mi mamá, Joaquina, a quien todos le decíamos Babú". En este momento "pillo" a Héctor mirando a Norma; la observa, calladamente, de manera muy amorosa.

Transcurrido el momento de los dulces, Leslie y Mara van a la cocina a lavar los platos; los nietos vuelven a la televisión; Héctor pide permiso para disfrutar de un habano en su estudio; y Norma nos sirve café preparado en una grecca. La fotógrafa y yo -muy golosas- volvemos al bowl en el que quedan pocos pastelitos de membrillo.

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