Lealmente enamorados

Ayer, 9 de febrero, los cocineros Edgar Leal y Mariana Montero cumplieron diez años de casados. Aquí, además de contar su historia, comparten dos recetas que fueron aliadas en su mutua seducción

por ADRIANA GIBBS  |  imagen: MÓNICA TREJO | DOMINGO 10 DE FEBRERO DE 2013
La cocina es territorio de caricias. Eso lo saben -y, literalmente, ejercen- Mariana Montero y Edgar Leal. Él, cocinero con 25 años de trayectoria, dirige los fogones en Leal. Ella, también cocinera, con estudios en el CEGA y en la escuela superior de cocina francesa Ferrandi, lleva las riendas de la pastelería en el restaurante. Los dos acaban de celebrar su aniversario número 10, las llamadas "bodas de estaño", y al conocer su historia se advierte que el vínculo que les une se ha cocido, amorosamente, a fuego lento.

Se conocieron en 1998. En ese entonces Leal tenía 10 años en cocina: ya había trabajado con el chef Marc Provost en el legendario restaurante El Gazebo, y con el afamado chef Pierre Blanchard; también había indagado los sabores españoles de la mano de Iñaqui Izaguirre, y cursado estudios en el Culinary Institute of America de Nueva York.

Cuando los presentan a ambos, Mariana era pasante en el restaurante Ara; Edgar, chef ejecutivo del Grupo Ara, y le daba clases de cocina. Fue él quien inició el "ataque" y ella, poco a poco, se fue dejando. "Mariana era (y todavía es, aclara) muy bella, a mí me gustó casi de inmediato; y mucho más cuando empecé a conocerla", cuenta él. "Primero le admiré; luego, me empezó a gustar", revela ella.

En los primeros tiempos fueron amigos. "La invitaba con frecuencia a comer, hicimos un curso de tango, y salíamos mucho a bailar; yo tenía claro que quería casarme con ella", narra Edgar. "Fueron tres años de amistad y ocho meses de noviazgo", precisa ella. Leal pidió la mano a la antigua usanza y se casaron en 2003. Desde entonces, viven -y trabajan- juntos.

Su itinerario en el mundo de la restauración, tras Ara, se inauguró en Cacao, restaurante que abrieron en Miami y condujeron durante varios años. A su regreso, asumieron la cocina de Mohedano y tiempo después se enfilaron a los fogones que ahora les ocupan, los del restaurante Leal. "Una de nuestras fortalezas como pareja es que hemos logrado mantener el ánimo en los momentos más difíciles de la carrera profesional; hemos tenido buenos y malos momentos y, en estos últimos, no nos permitimos flaquear; eso se lo debo al buen humor de Mariana; ella, maravillosamente, le da ligereza a las dificultades", destaca Leal.

Puertas adentro
Al igual que en el restaurante, en casa la cocina es un territorio compartido. Mariana suele preparar el desayuno. Edgar, los fines de semana, hace parrilla para la familia (y los amigos). A él le encanta cómo ella prepara la pierna de cordero. "Le queda espectacular", destaca. Y a ella le gusta la paella de Edgar, los caramelos de emmental y el cebiche de salmón.

Esbozan detalles de su cotidianidad. Mariana abre el restaurante y se va en la tarde, Edgar llega allá a finales de la mañana y se queda hasta el cierre. "Mariana hace más de lo que la gente cree. Se le conoce por su talento como pastelera (ella concibió la carta de postres), pero es, también, una estupenda cocinera. La terrine que servimos en Leal y que gusta mucho entre los comensales es elaborada por ella; todo el equipo del restaurante la quiere mucho".

Tienen fama de ser buenos anfitriones. "Nos divertimos muchísimo compartiendo con nuestros amigos; son parte importante en nuestras vidas. De cuando en cuando disfrutamos con ellos en casa organizando sabrosos encuentros que se prolongan, habitualmente, hasta el día siguiente", cuenta Edgar.

Esta es otra de sus afinidades: el gusto de cultivar la amistad. "Al punto de que, naturalmente, los amigos de ella se han vuelto entrañables amigos míos, y viceversa".

Tienen tres hijos: Fabián, Edgar Andrés e Ignacio. Mariana elogia la condición humana de Edgar: "Es un hombre esencialmente bueno en sus distintos roles, y hay mucho respeto entre ambos". Edgar, además del humor de Mariana, celebra a su suegra: "La mamá de Mariana es encantadora al punto de que todos mis amigos la adoran. Siempre digo que si me llegara a ir con otra mujer sería con ella", dice entre risas. Que el amor (y con cocina) siga.

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