Bocados de pasarela

La alianza entre moda y gastronomía se consolida en el Gastrofestival de Madrid.

DOMINGO 27 DE ENERO DE 2013
Comer y vestir son dos necesidades vitales devenidas históricamente en arte que, en los últimos tiempos, van de la mano, con un lenguaje común que encuentra en las texturas y colores su medio de expresión, siempre con grandes dosis de sofisticación y vanguardismo.

Moda y gastronomía han acompañado al hombre desde tiempos del Imperio Romano, en forma de protocolo, normas sociales o un lenguaje, a menudo implícito, encargado de expresar personalidad y estatus, pero hoy más que nunca caminan juntas a través de propuestas como Gastrofashion, una nueva apuesta de la feria Madrid Fusión.

Por primera vez y dentro del Gastrofestival, evento paralelo a Madrid Fusión abierto al público y que arrancó el sábado 19 por cuarto año consecutivo en museos, bares y restaurantes de Madrid, participan renombrados diseñadores españoles, que han encontrado en la cocina y el vino una fuente de inspiración para sus creaciones.

Ángel Schlesser, Adolfo Domínguez, Roberto Verino, Fernando Lemoniez o Custo Barcelona son algunos de los modistos que se suman al Gastrofashion, con colecciones especiales, degustaciones en tiendas o decoraciones en escaparates a base de frutas y verduras.

Uno de los lugares elegidos para ahondar en la relación entre estos dos mundos es el Museo del Traje, el templo de la moda española que aglutina en Madrid más de 25.000 prendas de los últimos tres siglos y que invitó al público, a recorrer los comedores, las mesas y las normas de etiqueta de los siglos XVIII, XIX y XX.

"La idea es hacer un recorrido histórico desde ese momento en que se empiezan a codificar los banquetes y se publican los primeros menús escritos, en el siglo XVIII, hasta hoy, cuando se establecen nuevas formas de vestir y nuevos protocolos", explica el conservador del museo, Juan Gutiérrez.

El lenguaje de la mesa dio un vuelco a principios del siglo XX, con la popularización de prendas como el vestido de coctel, generalmente corto -pero no por ello menos sofisticado- y perfecto para estar de pie con una copa en la mano.

"Sigue existiendo desde luego la etiqueta -afirma Gutiérrez-, pero es cierto que desde los años cincuenta, con la irrupción de las modas juveniles, se produce una relajación de las normas del decoro y una pérdida de ellas en varios contextos".

También han contribuido a ello la democratización de la moda "y de los placeres de la cocina" y recuerda, además, que antes del XIX hablar de moda era "hablar de la aristocracia y la monarquía".

Sin embargo, lejos de restar autenticidad y valor al lenguaje del comer y el vestir, la irrupción de la alta cocina en el foco mediático ha dado fuerza al valor de las tendencias y ha llevado a estos dos mundos a aliarse "para superarse a sí mismos y atraer al público, que es lo más importante", subraya Gutiérrez.

Una tesis que comparte con muchos cocineros, entre ellos el del restaurante del propio museo, Café de Oriente, un reflejo más de la apuesta por conjugar sofisticación e innovación en la mesa y la pasarela.

"El diseño cambia continuamente; hay que estar pendiente de las tendencias y reciclarse, porque si no, como en la moda, te mueres", resalta su chef, Roberto Hierro.

La moda y la gastronomía tienen mucho más en común: son parte de cada cultura, de su riqueza, y también dicen mucho del estilo y de la personalidad, según argumenta la directora de la feria Cook & Fashion, Lourdes Mariño, creadora de este encuentro hace diez años y ya consagrado en el sector.

"Comer y vestir de una determinada manera siempre tiene un porqué", explica Mariño, quien confiesa que también hay "mucho de erotismo" en ambos lenguajes.

A pie de calle, todo esto se traduce en un auge de los restaurantes que trasladan las propuestas de la pasarela a la mesa: maniquíes que acompañan al comensal, espejos y murales que retratan colecciones a la última moda (Alta Costura, Madrid) o incluso cocineros uniformados por diseñadores como Ágatha Ruiz de la Prada o Ion Fiz (Seis Ocho).

Tendencias que muestran que moda y gastronomía están cada vez más cerca y que más allá de la creatividad comparten una premisa básica: conquistar siempre por los ojos.


Mónica Faro / EFE

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