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Notas

Aceptar el dolor

imagen: | LUNES 11 DE JULIO DE 2011

Creo que una de las tareas más difíciles que tenemos es aceptar. Aceptar nuestro propio sufrimiento, el sufrimiento de un ser querido; aceptar lo que no nos gusta de nosotros mismos y también lo bueno que otros ven en nosotros; la realidad que vemos adentro y afuera de nosotros...

La falta de aceptación está relacionada con el hábito o instinto de evitar el dolor. Hacemos todo lo posible por acercarnos al placer (en la búsqueda y entrega de cariño, reconocimiento, entretenimiento, etc.) y todo lo posible para alejarnos del dolor. Para algunos las emociones básicas se resumen en dos: amor y miedo. Pareciera que el mayor miedo es a sentir dolor y a la muerte (también asociada, en la mente, al dolor).

Apenas sentimos un poco de dolor emocional, por ejemplo, buscamos mecanismos para evadirlo, para distraernos; posiblemente se deba al miedo de que aumente ese dolor, de no poder manejarlo, de morir en el proceso.

Una de las maneras como evadimos el dolor es haciéndonos preguntas que nos mantienen en el mismo hueco negro y que precisamente aumentan el tiempo de dolor: ¿por qué me pasó esto a mí? ¿por qué me hizo eso? ¿por qué esa persona es así? ¿por qué no hice algo diferente? ¿cómo fue que no me di cuenta antes? ¿quién es el culpable? ¿quién va a pagar por esto? ¿Por qué Dios no interviene, si yo soy buena persona? ¿por qué la vida es así conmigo?
Cambiemos esas preguntas. Recordemos que el "por qué" nos llevan al pasado, a buscar causas y culpables, mientras que el "para qué" nos enfoca en el presente y futuro, ¿para qué me está pasando esto?, ¿qué me toca aprender, o mejorar con todo esto?, "¿qué voy a hacer con esto? ¿qué haré diferente de ahora en adelante? Estas preguntas nos ayudan a centrarnos en la acción y a darnos cuenta que podemos elegir alguna acción, responsabilizarnos de nosotros mismos dentro de la situación, de nuestras reacciones y emociones.

Pero antes de hacernos estas preguntas es recomendable meternos de lleno en lo que estamos viviendo. No usemos estas otras preguntas para evadir lo que sentimos. La idea no es tampoco regodearse en el dolor. Esto lo hacemos cuando lo justificamos con pensamientos, recordamos y repasamos la experiencia una y otra vez en la cabeza, cuando nos hacemos las preguntas que nos mantienen en el dolor; cuando nos imaginamos escenas de venganza, o en la que nos justificamos o seguimos peleando. De esta manera lo que hacemos es estar con la situación en la cabeza, pasar de un pensamiento a otro, en lugar de sentir la emoción, el dolor, el sufrimiento, en vez de ACEPTARLO, reconocerlo.

Cuando lo aceptamos y reconocemos, empieza a liberarse. Es como cuando uno se desahoga de verdad, ya no le quedan más ganas de seguir hablando, hablando y hablando desde el mismo dolor. Ya se vive desde otro nivel.

Como señala Sri Bhagavan de la Universidad de la Unidad en India (http://http://www.sankalpa.cl/ el sufrimiento no está en el hecho sino en la manera como lo tomamos, y esa manera está dada por los acondicionamientos, las heridas previas que hemos tenido, etc.

Otra cosa que hay que aceptar es que estar en este planeta significa que tenemos cosas que aprender, sanar, vivir, experimentar...

Parafraseando la oración de San Francisco de Asís: Padre, dame fuerza para cambiar lo que haya que cambiar, serenidad para ACEPTAR las cosas que no pueda cambiar, y sabiduría para distinguir entre ambas.

Primero aceptemos, reconozcamos, lo que está allí, para poder cambiarlo o vivir con eso. Pidamos a la divinidad capacidad de aceptación, liberación, avance...

Feliz semana.


Relacionado con: cambios, aceptación

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VÍA RÁPIDA A:  

Teresa León

Mi búsqueda espiritual y mi interés por ahondar en mi alma para sentirme más cerca de Dios me llevaron a dedicarme al campo de la psicología y del desarrollo humano;  luego de ejercer por años lo que sigo siendo de corazón: traductora e intérprete egresada de la Universidad Central de Venezuela.

Soy Coach Organizacional (Anuv - Centro Unesco), Master Practitioner en Programación Neurolingüística y Analista Transaccional certificada por la Asociación Venezolana y la Asociación Latinoamericana de AT.

En mi práctica profesional como terapeuta, coach, docente en la formación de Coaching Transaccional, articulista y facilitadora de talleres, he reafirmado mi convicción de que somos seres espirituales: almas en evolución con una misión de vida que abarca mucho más que lo puramente físico y terrenal y que trasciende toda religión. 

Al abordar nuestras metas, retos, dolores, crecimiento y amores desde una perspectiva transpersonal y espiritual, podemos avanzar enormemente, al recuperar la visión de lo que realmente somos: hijos de Dios, parte de la Divina Esencia que ha creado el universo. En este blog compartiremos reflexiones e informaciones que nos ayuden a asumir esa visión y aplicar nuestras crecientes potencialidades en pro del avance personal y colectivo.

Pido a la Divinidad que las notas del este blog sirvan para que nos sintonicemos con nuestra propia voz interior, con nuestro maestro interno: nuestro Ser Espiritual.

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