Aceptar el dolor
Creo que una de las tareas más difíciles que tenemos es aceptar. Aceptar nuestro propio sufrimiento, el sufrimiento de un ser querido; aceptar lo que no nos gusta de nosotros mismos y también lo bueno que otros ven en nosotros; la realidad que vemos adentro y afuera de nosotros...
La falta de aceptación está relacionada con el hábito o instinto de evitar el dolor. Hacemos todo lo posible por acercarnos al placer (en la búsqueda y entrega de cariño, reconocimiento, entretenimiento, etc.) y todo lo posible para alejarnos del dolor. Para algunos las emociones básicas se resumen en dos: amor y miedo. Pareciera que el mayor miedo es a sentir dolor y a la muerte (también asociada, en la mente, al dolor).
Apenas sentimos un poco de dolor emocional, por ejemplo, buscamos mecanismos para evadirlo, para distraernos; posiblemente se deba al miedo de que aumente ese dolor, de no poder manejarlo, de morir en el proceso.
Una de las maneras como evadimos el dolor es haciéndonos preguntas que nos mantienen en el mismo hueco negro y que precisamente aumentan el tiempo de dolor: ¿por qué me pasó esto a mí? ¿por qué me hizo eso? ¿por qué esa persona es así? ¿por qué no hice algo diferente? ¿cómo fue que no me di cuenta antes? ¿quién es el culpable? ¿quién va a pagar por esto? ¿Por qué Dios no interviene, si yo soy buena persona? ¿por qué la vida es así conmigo?
Cambiemos esas preguntas. Recordemos que el "por qué" nos llevan al pasado, a buscar causas y culpables, mientras que el "para qué" nos enfoca en el presente y futuro, ¿para qué me está pasando esto?, ¿qué me toca aprender, o mejorar con todo esto?, "¿qué voy a hacer con esto? ¿qué haré diferente de ahora en adelante? Estas preguntas nos ayudan a centrarnos en la acción y a darnos cuenta que podemos elegir alguna acción, responsabilizarnos de nosotros mismos dentro de la situación, de nuestras reacciones y emociones.
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Teresa León
Mi primera profesión es la de traductora. Cuando estaba en la Escuela de Idiomas de la UCV, mi visión fue la de ser un puente entre personas de diferentes lenguas y culturas. Mi búsqueda espiritual desde adolescente y mi interés por ahondar en mi alma para sentirme más cerca de Dios me llevaron al campo de la psicología y del desarrollo humano. Me formé en la escuela de psicología Análisis Transaccional (AT) y tengo una certificación dada por la Asociación Venezolana y la Asociación Latinoamericana de AT. También tengo formación en Programación Neurolingüística (Master Practitioner) y soy Coach Organizacional (Anuv - Centro Unesco). Por años, estuve combinando la traducción con la facilitación de talleres y tras 17 años como traductora en los medios de comunicación (10 en El Universal), me he dedicado más a prestar un servicio con la idea de ser puente entre lo terrenal y lo espiritual. Por eso quise hacer este blog, con el que disfruto otro de mis placeres: escribir.
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