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Notas

Tras el sofrito de la abuela

por ADRIANA GIBBS | imagen: | MARTES 13 DE ABRIL DE 2010

Hace unos días, unas primas muy queridas, Elena y Maria Helena, me preguntaron sobre los cambios que se han dado en mi vida a partir del periodismo gastronómico.

Unos de ellos ha sido el lugar que ahora ocupa la cocina en mi casa. O más bien, yo en ella: me la paso allí. En las noches me entusiasmo, delantal mediante, a la hora de la cena. Y los fines de semana la familia disfruta esta afición mía de cocinar, probando aprobando y desaprobando mis platos. He podido comprobar en este tiempo cómo la mesa construye vínculos, el poder que tiene de acariciar los afectos.

Al contar esto a mis primas la conversación empezó a abrirse en otras direcciones, y nos descubrimos hablando de la extrañada sazón de nuestra abuela materna, Rosario Rondón de Motabán. Ella era una mujer que, entre otras dulces maneras, consentía a sus nietos con sus platos. Eran preparaciones sencillas ("La felicidad viaja en platos simples", escribe Revel y sostiene Soria) pero ciertamente amorosas: María Helena celebró su pastel de Chucho, Elena recordó las rosquitas con especias, yo hablé de sus pimentones rellenos…

Elena, quien al igual que yo disfruta el cocinar, me dijo tras un breve silencio:
"Pero Adriana, hay algo con lo que no he podido dar y es el sofrito de la abuela. He probado con el ajo, la cebolla, el ají dulce y el tomate en distintas proporciones y no logro acercarme a ese sofrito tan especial con el que la abuela le daba gusto a los guisos, ¿recuerdas?".

La nostalgia de Elena me condujo a Lorenzo Díaz, autor de Los sabores perdidos, libro que se pasea por las cocinas regionales de España y comienza con estas palabras: "No estaba dispuesto a renunciar a los sabores que han marcado mi vida, tan populares, tan sencillos, tan sinceros, y la única manera era reproducirlos en mi cocina".

Resulta que mi prima y yo hemos empezado a "cocinar" el plan de no dejar perder en el olvido a los platos de nuestra familia: asistiremos al tío Manuel cuando haga sus afamadas caraotas negras, le preguntaremos a la tía Omaira los secretos de su arroz con pollo, tan gustoso, seguiremos pacientemente el paso a paso del asado negro del tío Agustín, y veremos cómo la tía Elena mide y mezcla los ingredientes al hacer sus tortas. Con cada tío, veremos, anotaremos… Luego, Ele y yo haremos juntas cada receta para luego ofrecerla a los tíos con la idea de que sea "evaluada" por sus paladares.

Dice Elena que al meternos en los fogones de los hijos de la abuela Rosario, es probable que nos logremos aproximar al extrañado sofrito. Ojalá que sí. Así he llamado tentativamente al proyecto: "Los sabores de la familia Motabán".


Relacionado con: comida casera

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Comentarios (3)

Elena Rada Motaban
15.05.2010
12:55 PM

La cocina es un vínculo inalterable de las generaciones. En unas mas fuerte, en otras menos. En nuestro caso, fue bien fuerte el sabor, la sazón y sobre todo el amor, con que nuestra abuela nos cocinaba, nos hacía sentir que cada plato lo preparaba especialmente para uno, independientemente de cuántos comensales estuvieramos compartiendo el mismo plato. Asi era el amor y la cocina de nuestra abuela. Vamos detrás de sus pasos!!

Adriana Gibbs
21.04.2010
12:25 PM

Bello y sentido su comentario, Sr. Millán. Coincidimos: la cocina es homenaje a los afectos. Ensaye ese sancocho cruzado... y buen apetito. Gracias

jonathan millan
18.04.2010
9:19 AM

Al igual que tu extraño, y no por poco, los sabores que creaba mi abuela hoy enferma de alzheimer, esas csaraotas negras, los simples, pero extraordinarios huevos con cebolla que enamoraban a mi abuelo, el sancocho cruzado (que jamas volvimos a hacer) y asi tantas cosas que se fueron con ella; ella si le sacaba sabor a las piedras. Creo que jamas llegare ni cerca a sus sabores porque soy el que mejor cocina, segun los que comen, asi que lo unico que me queda por hacer es homenajear todo el amor que nos dio a traves de los sabores que me regalo y pasarlos al plato. Amor, fogon y recuerdos; buen apetito y buen provecho!

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VÍA RÁPIDA A:  

Adriana Gibbs

Desde 1999 trabajo en el diario El Universal, donde escribo sobre Gastronomía, Vinos y Spirits para la revista Estampas. Allí organizo catas para las secciones “El descorche del mes” y “Degustación Sentida”; evalúo en compañía restaurantes en la sección “Mesa para 5”; y comparto hallazgos de buen sabor. Como bien pueden advertir lo que hago en Estampas ha sido (y es) un doble gusto: el de vivenciar y escribir el placer gastronómico. El blog Punto Paladar es una continuidad de mis afanes: mesa, palabra, copa y mantel.

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