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Adictos a la arepa

La pasión venezolana por la arepa nos convirtió en adictos a ella o como nos calificara el Tirano Aguirre, en "comedores de arepa" según refiere Rafael Cartay en su obra El pan nuestro de cada día

por CARMEN ISABEL MARACARA | JUEVES 21 DE JULIO DE 2011

La venezolanidad entera, con la vida cotidiana, además de hijos e hijas, cabe en una arepa... Así lo afirmaba, en forma jocosa, el poeta caraqueño Job Pim, en sus versos a la arepa: "...dentro de una arepa / cabe cómodamente una mujer?/ Pues cabe, y no ella sola, / sino una casa, un radio, una vitrola, / la cesta del mercado / con lo que traiga adentro, el alumbrado, / las ropas, dos o tres barrigoncitos". Y es que esta preparación de maíz, calificado por otros paladares, en remotas épocas coloniales e independentistas, como insipida -una acusación injusta, pues los panes no rellenos en general, de cualquier cereal, no son muy gustosos pues se emplean como acompañantes-, es infaltable en el desayuno y en la cena de millones de venezolanos.

La pasión venezolana por la arepa nos convirtió en adictos a ella o como nos calificara el Tirano Aguirre, en "comedores de arepa" según refiere Rafael Cartay en su obra El pan nuestro de cada día (Caracas, Fundación Bigott). La costumbre viene de tiempos prehispánicos, lo cual atestigua el vocablo, de origen cumanagoto. No obstante, el plato se comparte con Colombia, con gran variedad de formas de prepararlo tal como acontece en Venezuela, aunque las areperas, al parecer, sí son una invención nacional.

Aunque usted se la coma todos los días y por tanto sepa exactamente qué es, tenga en cuenta la definición que ofrece el Diccionario de Venezolanismos, editado por la UCV y la Academia Venezolana de la Lengua: "Especie de pan de forma circular, hecho con maíz ablandado a fuego lento y luego molido, o con harina de maíz precocida, que se cocina sobre un budare o sobre una plancha". La lexicografía camina más lento que las costumbres y en este caso olvida que ahora las arepas se cuecen en muchos hogares en un aparato eléctrico, que en unos 10 minutos o un poco más, ya puede estar servida en la mesa, aunque nada iguala en sabor a las que se asan sobre el budare y mejor a la brasa.


Para todos los gustos
Desde 1960, bajo el lema de "se acabó la piladera", se comienza a comercializar en el país la primera harina precocida, la P.A.N, de las empresas Polar, lo que permitió la continuidad de una costumbre ancestral en la sociedad urbana que se imponía en el país. No obstante, muchas personas, en varias regiones del país, continúan preparando la receta tradicional con maíz pilado, pelado (aquel que conserva su cáscara y que se reblandece hirviéndolo con cal) o incluso combinándola con otros ingredientes.

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