El hombre de todos los tiempos ha jugado con la magia como una vía para canalizar fantasías y egos de divinidad que sueña poseer, y es a través de la apariencia de hechos sobrenaturales como lo logra, provocando la admiración de muchos y convirtiendo al llamado mago o ilusionista en un ser que despierta curiosidad y respeto en su entorno.
No se sabe con exactitud cuando se empezó a hacer magia, pero el texto más antiguo de un espectáculo de este tipo data del año 3766 antes de Cristo, en Egipto. Luego la Inquisición acabó con los magos porque muchos fueron a la hoguera. En el siglo XVIII resurge el ilusionismo y se convierte en arte escénico, abandona las ferias y las calles y toma los teatros, algunos magos pasaron a ser físicos o profesores. Era un arte exquisito y con aires de sofisticación.
En tiempos actuales no ha cambiado mucho el prestigio de ciertos magos como David Copperfield o CrissÁngel, quienes son considerados celebridades y ganan por su oficio fortunas que se equipara a los mejores salarios de las estrellas rutilantes de Hollywood.
Pero no sólo ellos hacen magia, el arte hoy reviste características novedosas y volvió a salir de los teatros y circos para llegar a lugares más íntimos y cercanos, como reuniones y fiestas familiares, donde ya no es sorpresa contar con el mago para entretener y arrancar expresiones de asombro a los invitados. En el Táchira dos magos resaltan, son académicos y tienen prestigio. El mago Greco y su maestro el Mago Orlando. Gregory Moreno, quien se hace llamar Greco, es el más joven de ambos, tiene 21 años y desde niño se siente mago. En la actualidad finaliza una licenciatura en biología y química en la Universidad Católica del Táchira, trabaja como ilusionista y estudia magia en Bogotá y Caracas.
"Desde siempre practico la magia. Mis padres me compraban trucos para satisfacer lo que se creía era un hobbie infantil, pero se tornó un modo de vida que me mantiene desde hace cuatro en la academia y con presentaciones a nivel profesional. Empecé como aprendiz del mago Orlando, luego como su asistente, hasta abrirme camino propio".
En periodo de vacaciones universitarias toma sus maletas y se muda a la capital de Colombia, donde funciona una academia acreditada para formar magos profesionales en América Latina, la Escuela Profesional de Artes Mágicas de Bogotá. Allí en seis semestres se titulan, pero Greco sólo asiste a seminarios y cursos intensivos: "Es costosa la formación, la financio trabajando como mago en San Cristóbal y Bogotá, allá la escuela nos ubica shows".
El mejor truco
"Es una rutina donde van apareciendo y desapareciendo cintas de colores, conejos y objetos, para concluir con la gran aparición de la quinceañera. Primero muestro un baúl y el público constata que está vacío. Cierro la valija y al abrirla aparece la cumpleañera con su fastuoso vestido de noche. La gente se emociona mucho, en una oportunidad hice el truco con unas gemelas y fue bien emocionante. Es uno de los actos que más me aplauden".
¿Cómo logra ese truco?
"Las grandes ilusiones de desaparecer o aparecer personas es lo que llamamos ilusionismo óptico. Realmente es fatal para un mago le descubran su truco, por eso conocida la técnica uno practica ante el espejo, hasta que todo salga perfecto. En el caso de la quinceañera mi reto era obtener el baúl, porque los venden en el exterior pero son muy caros porque es dólares, así que ubiqué los planos y lo mandé a hacer con un carpintero de confianza".
Todos los shows de magia son de 45 minutos promedio, excederse puede agotar la concentración sobre todo de los niños, el público más devoto a la magia. "Los niños son lo máximo, desde que llegó me prestan atención, sienten como que llega un súper héroe. La cara de ellos es uno de mis mejores recompensas, por eso me gusta mucho usar sus propias manos para hacer magia con pañuelos o monedas, para que sienten que fueron ellos quienes lo hicieron".
Otro instante donde la magia de Greco hace brillar el corazón de los niños es en sus presentaciones voluntarias para organizaciones benéficas, cuenta que los infantes con síndrome de Down tienen el mismo nivel de entendimiento para entender la magia que los niños regulares, según se comprueba en estudios científicos desarrollados. "Ellos sienten frente a un acto de ilusionismo que está ocurriendo algo paranormal y lo disfrutan mucho".
El joven ilusionistas también trabaja con otras fundaciones que cooperan con niños con cáncer, sordomudos e incluso está preparando un show con el sistema Braille, que servirá para los impedidos visuales.
¿A dónde aspira llegar como mago?
"Tengo en proyecto hacer un programa de televisión en la calle y también crear una escuela de magia para niños del Táchira, pero la deseo avalada por la Federación Internacional de Sociedades Mágicas".
judith.valderrama@diariodelosandes.com