"¡Qué niño tan educado! Da los buenos días, pide 'por favor', da las gracias y si le preguntan algo, contesta con amabilidad y respeto". ¿A qué padre no le gustaría ver que sus hijos se comportan con cortesía y amabilidad? Lamentablemente, muchos educadores, psicólogos, orientadores y otros especialistas coinciden en afirmar que los buenos modales se han ido perdiendo en nuestra sociedad.
Los modales -esas formas de comportarse con las que la persona demuestra su buena o mala educación- forman parte de las habilidades sociales que son básicas para la convivencia, las relaciones interpersonales y el éxito laboral.
Una persona puede tener un alto nivel de instrucción, con posgrados, diplomados, cursos en el extranjero, etc. Pero si no tiene buenos modales, es decir, no sabe comportarse ante los demás, es descortés, no saluda, al comer mastica con la boca abierta, escupe en el suelo, pone los pies en la pared y no guarda las normas básicas de etiqueta, es muy probable que no ascienda en su carrera.
Los modales son importantes no solo para las personas que trabajan con público o que se espera representen a su empresa en algún momento, sino para todos los cargos y profesiones.
La buena educación se refleja también en las competencias conversacionales, consideradas hoy en día clave para el desempeño laboral en la mayoría de los ámbitos en que se desenvuelva el trabajador. Estas competencias incluyen las normas al hablar y escuchar: cuidar el tono, no gritar; no decir malas palabras (aunque estén de moda), dirigirse a los otros con respeto y con la debida distancia hacia los clientes (evitar frases como "mi amor", "mi reina"), etc.
Asimismo, los buenos modales son muy importantes para interrelacionarse de forma adecuada con los compañeros de trabajo, familiares, vecinos, es decir, para convivir en sociedad.
"Así como se habla de distintas inteligencias, como la musical, la emocional, etc., ésta es una de las tantas inteligencias, es la que usa la persona cuando sabe comportarse socialmente y maneja bien sus relaciones interpersonales. Es importante saber relacionarse, manejarse con cortesía, hablar bien. Cuando una persona sabe manejarse, pide permiso, da las gracias, etc. se le abren puertas", señala Ileana Leyba de Villegas, directora ejecutiva de Jóvenes Emprendedores de Venezuela, fundación sin fines de lucro que educa a los niños y jóvenes con miras a su futuro desempeño laboral.
"Buscamos inspirar a los niños y jóvenes para el espíritu emprendedor, pero para llegar hasta allá, tenemos que ir formando el niño, complementando el currículo educativo en materias que lo hagan un ser humano íntegro; y entre las características de ese ser íntegro está tener buenos modales", añadió.
Atendiendo las carencias que ha observado en los niños y jóvenes, esta organización ha desarrollado programas de buenos modales que imparte en primaria y secundaria, en colegios públicos y privados.
"Se le enseña las normas de etiqueta en la mesa de una forma muy sencilla y que a la vez entiendan cuál es la importancia de eso para su desempeño social; modales que deben respetar en sus casas, en los sanitarios, en los lugares públicos; y un comportamiento adecuado hacia los mayores y hacia sus compañeros; se les inculca por ejemplo que deben evitar un lenguaje peyorativo entre ellos".
Cuestión de valores
Enseñar buenos modales es parte de una educación basada en valores. Cuando se le enseña a un niño a dar los buenos días, a decir "por favor" de buena gana, a dar las gracias y hablar con cortesía, se le enseña el valor del respeto a sí mismo y a los demás, de la amistad, la tolerancia, etc.
El valor de la familia, de compartir y apoyarse, pareciera que ha perdido fuerza. Esto puede deberse a la presión económica que viven muchos padres, que los obliga a tener dos y hasta tres trabajos y a pasar poco tiempo con los hijos y otros familiares. Cuando no se comparte la mesa con los niños, cuando no se les observa comer, se reducen las posibilidades de educarlos en estas normas.
Necesariamente, la enseñanza de los buenos modales debe empezar en los hogares y reforzarse día a día con el ejemplo de los adultos con quienes comparte, tanto en la casa como en el colegio. En las familias con hermanos mayores, su ejemplo es también fundamental para los más pequeños.
Una de las razones por las cuales se observa una disminución de los buenos modales y costumbres y de la importancia que se le da al tema es la tendencia de los padres a dejar en los colegios esta responsabilidad.
Carencias
"Hemos encontrado grandes carencias. No es porque las escuelas estén obligadas a impartir modales, sino porque las carencias vienen desde los hogares. Por falta de tiempo, muchas veces los padres no enseñan buenos modales. En esto no podemos hacer distingo entre las clases sociales. Tanto las clases con menos recursos como las que tienen, abandonan o desatienden temas tan importantes en el desarrollo del niño como son los modales y los valores".
Otra posible causa es la inseguridad que afecta a la sociedad entera. Ante la preocupación de algunos padres por proteger a sus hijos, el viejo consejo de "no hables con extraños" se lleva al extremo de criar niños descorteses y mal educados, para quienes no existe la palabra "gracias", ni se les ocurre sostenerle la puerta a una persona mayor y mucho menos darle el asiento.
También es cuestión de límites. Hay padres que creen que poner límites a los hijos y hacer que cumplan normas es reprimirlos y afectarles su autoestima. Sin embargo, hay numerosos estudios que demuestran que la falta de disciplina y de buenos hábitos en los niños es tan perjudicial para su desarrollo como las prácticas que perjudican su autovaloración.
Autenticidad versus autocontrol
Algunos consideran que la educación hace que perdamos la espontaneidad y autenticidad que teníamos de niños, lo cual en cierta medida es verdad. Pero para convivir con otros de forma armoniosa es necesario un equilibrio entre libertad y control. El derecho de una persona llega hasta donde empieza el derecho del otro. Si un niño (o adulto) quiere sentirse en libertad de escupir, eructar y estornudar sobre la gente, por ejemplo, ¿dónde queda el derecho de los otros a no verse sometidos a estas cosas?
A los niños les puede resultar gracioso que alguien quebrante las normas con una cara cómica, y esto lo han explotado en películas y series infantiles y juveniles, en las que varios personajes muestran modales inaceptables. Debido a la influencia que tiene la televisión en los niños, es recomendable ver los programas con ellos y orientarlos sobre dichas conductas inapropiadas.
Los modales van cambiando. Hasta hace poco se enseñaba a cubrirse la boca con la mano al toser o estornudar; ahora la norma de etiqueta es taparse con el hombro para evitar transmitir virus y bacterias al dar la mano para saludar.
Igualmente, las nuevas tecnologías, como el uso de celulares y otros dispositivos, van imponiendo nuevas normas, las cuales se van estableciendo utilizando el sentido común, las normas generales de buena educación y de respeto al otro. Es considerado de mal gusto dejar de atender a las personas con quienes se está compartiendo la mesa para hablar por teléfono o enviar mensajes de texto. También es inadecuado usar el celular en eventos públicos, conciertos, ceremonias, etc.
Para rescatar y fomentar los buenos modales en la sociedad hay que empezar con los niños. Lo ideal es que tanto padres como docentes compartan las mismas reglas básicas en esta materia. Si se le inculca buenas costumbres en la escuela, donde muchas veces almuerzan y pasan la mayor parte del día, y los padres descalifican esa enseñanza, los avances sin duda serán pocos. Si se le enseña algo en la casa, pero en el colegio no se le da importancia al tema, es probable que el niño tarde más en adquirir los buenos hábitos.
Sería altamente recomendable que los padres se observen y reflexionen. ¿Cómo están sus modales cuando comparten con sus amigos, cuando se topan con los vecinos, a la hora de sentarse a la mesa y en los lugares públicos?
"Es necesario que los padres sean el ejemplo a seguir. Los modales deben enseñarse en la casa. El respeto a los demás, la vida en comunidad se enseñan en la casa", señala Leyba. "Atiendan a sus hijos, no hagan recaer en la escuela responsabilidades que son inherentes a las familias".