El menú de pollo a la broaster con papas fritas o de un enorme plato de pasta a la carbonara acompañado con queso y pan, ha sido desplazado poco a poco por los trabajadores que tienen la necesidad de comer dentro de sus oficinas en horas del mediodía. Y aunque el factor tiempo y economía tienen su incidencia en este fenómeno, para los empleados prevalece la necesidad de ingerir alimentos sanos, nutritivos y de fácil digestión para continuar sin letargo la otra mitad de la jornada laboral.
Compatible a la anterior descripción, Libia Villarroel quien trabaja como oficinista en una institución pública ubicada en el centro de Barcelona, llenó su última vianda con una porción de pollo salteado con vegetales y una papa gratinada, lo cual preparó en menos de 45 minutos.
"De esta manera consumo alimentos saludables, menos calóricos y me ahorro 40 ó 50 bolívares que puede ser el costo de un almuerzo ejecutivo en cualquier restaurante cercano a la oficina".
Esta confesa y ardua consumidora de las cartillas de restaurantes cercanos a su oficina, asumió desde hace algunos meses su necesidad de realizar un cambio de consumo -saludable y ahorrativo- debido al alza en el precio de los menús y obediente a las recomendaciones recibidas en su última visita al médico. "Sin proponérmelo como meta, ya he bajado cinco kilogramos de peso, me siento más activa y atractiva, lo que ha sido un beneficio adicional al mejoramiento de mi estado de salud".
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