Según explica el neurocirujano Leonardo Lustgarten, usualmente los tumores cerebrales benignos están muy bien encapsulados y son más fáciles de extirpar que los malignos. Éstos, por el contrario, se extienden y es complicado delimitarlos.
"Una forma de entender un tumor maligno en el cerebro es imaginarnos una piscina llena de pintura blanca donde se derrama un pote de pintura roja. Habrá una mancha roja y luego ese color se va convirtiendo en rosado y éste en blanco. ¿Dónde termina el rojo y comienza el rosado y dónde el blanco? Es muy difícil determinarlo".
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