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Durante mucho tiempo los rosados gozaron de mala fama; a veces con fundamento, pero otras no. En la creencia popular se les señala como un mal tinto, o la mezcla de un blanco con un tinto o peor aún, un vino indefinido difícil de ubicar. Ciertamente, la industria vitivinícola descuidó por mucho tiempo el tema de los rosados, a pesar de que muchas regiones productoras no han bajado la guardia al respecto y a pesar de la opinión pública adversa, han logrado no sólo mantener la calidad sino superarla.
El vino rosado es un vino fresco. Se puede decir que diseñado para suplir las necesidades del verano en los países de clima templado, incluso cuando llega el invierno muchos restaurantes los retiran de su carta de vinos. En el mejor de los casos, está en condiciones óptimas de consumo por un máximo de dos años, porque aunque procede principalmente de uvas tintas, "para su elaboración se comienza como si se trata de un vino tinto pero se culmina con si se tratara de un blanco, eso tal vez le ha dado mala fama", afirma Luis Elías Rodríguez conocedor en vinos y propietario de La Viña del Señor ubicada en el C.C. San Ignacio.
"Su falta de anclaje de taninos lo hace inestable y hasta más delicado que los blancos", asegura Rodríguez. Pero la opinión ha cambiado mucho en los últimos años; expertos en el tema cada vez los incluyen más en sus recomendaciones y los productores están prestándole más atención a colocar en el mercado etiquetas de calidad.
Rosados de hoy
En la actualidad, el boom del vino a nivel mundial ha puesto su mirada en los rosados, por ser amigables para quienes se inician en las lides del vino, son versátiles para acompañar muchas comidas, son frescos y no requieren de gran entrenamiento para disfrutarlos, como puede pasar con algunos tintos. Además, han calado entre los más jóvenes. Esto ha hecho que muchos productores le apuesten tiempo e investigación y se conciban desde la viña y no como un subproducto de otros vinos.
Ahora se cuida mucho que no sean en exceso dulces, ni muy ácidos, con un lindo color rosado que no parezca artificial. Por lo general, los buenos rosados huelen a fruta, y son ligeramente ácidos en la boca con un dulzor agradable al paladar que no empalaga, sino que calma la sed e invita a tomar más.
"Un buen rosado es aquel que logra un correcto balance entre acidez, fruta, azúcar residual y alcohol - rara vez mayor a 12,5 grados-- . Sin pretensiones y sencillos, deberían estar a medio camino entre un blanco correcto y un tinto ligero", asegura el columnista y experto en vino Vladimir Viloria.
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