El cerebro es el único órgano del cuerpo que está protegido por los huesos de la cavidad craneal y es tan grande que ocupa la mitad de ésta. Su peso promedio en un adulto es de 1.400 gramos. Dirige todas nuestras funciones corporales desde que comenzamos a vivir. Su aspecto de esponja gris, arrugada y blanda contiene el procesador biológico más rápido del mundo.
Una de sus partes más importantes es la corteza cerebral o córtex, la cual forma parte del 85% del peso del cerebro y es la que nos permite pensar, razonar, aprender y tener memoria. El cerebro está compuesto de dos hemisferios, el tálamo, el hipotálamo, la pituitaria y las meninges. La consabida materia gris está llena de cientos de millones de neuronas con dendritas y axones que, gracias a impulsos eléctricos, van pasando órdenes y secretando las enzimas necesarias para poder hacer cosas como aprender, dormir, comer, ser felices y hasta para pensar claramente.
Pero aun así parece que dejamos su bienestar en segundo plano cuando nos enfocamos en el ancho de las caderas o en un abdomen protuberante. Pasa que lo que comemos, gracias a sus órdenes, afectan el buen funcionamiento de éste, y él a su vez lo afecta a usted.
Comer para pensar
La mayoría de los alimentos contienen sustancias que influyen en la formación del tejido cerebral; sin embargo, hay ciertas facultades mentales que requieren mayor cantidad de determinados nutrientes para su buen funcionamiento.
Las facultades que utilizamos para el amor, la veneración y otros sentimientos similares se ven favorecidos al consumir fósforo. Para la buena memoria se recomiendan alimentos que contengan silicio y magnesio. También hay que tener en cuenta el fosfato, el cual encontramos en la harina de maíz, los quesos y otros productos lácteos.
Otras sustancias necesarias para tener una estructura cerebral y nerviosa en buen funcionamiento son los aminoácidos, y aunque muchos vegetarianos no estén de acuerdo, éstos solo se encuentran en cantidades suficientes en alimentos de origen animal, aunque también los hay en menor cantidad en la leche, los huevos y la soya.
Eres lo que comes
Para gozar de un cerebro sano capaz de recordar todo lo que aprende, hay que comer bajo en grasas saturadas, no excederse en la ingesta de bebidas alcohólicas y descansar adecuadamente.
Un ejemplo de una dieta sana es una que contenga pescados azules, ricos en ácidos grasos esenciales de la serie omega-3. Estos ácidos grasos forman parte de las membranas de las neuronas; y diversos estudios concluyen que existe una relación directa entre el buen estado de la capacidad mental y elevados niveles sanguíneos de este tipo de grasas.
Por el contrario, una dieta alta en grasas saturadas aumenta las posibilidades de sufrir de Alzheimer; además de causar problemas cardíacos y obesidad. Las proteínas provenientes de las carnes rojas y los quesos curados reducen la producción de triptófano y serotonina, lo que hace al cerebro irritable.
Los antioxidantes contenidos en ciertos alimentos (verduras como brócoli, zanahorias, cebollas, ajos, espinacas y tomates; y frutas como las uvas, ciruelas, pasas, fresas, frambuesas y cítricos) ayudan a evitar que la memoria falle. No olvide las vitaminas del complejo B, A, C y E; agregue también suplementos de minerales como el cromo, zinc, selenio, calcio y magnesio.
Hay que evitar la hipoglucemia y comer cinco veces al día; nunca saltarse el desayuno y suprimir la "comida chatarra".
Complementos recomendados
Fosfatidilserina: maximiza la transmisión nerviosa entre las células cerebrales. Es también efectiva para mejorar la pérdida de memoria en las personas mayores.
Acetil L-Carnitina: proporciona agilidad mental, mejora el estado de ánimo, frena el envejecimiento de las células cerebrales y favorece el flujo sanguíneo al cerebro.
Fosfatidilcolina: es un protector específico del sistema nervioso y también la principal fuente de colina, sustancia que forma la acetilcolina, un importante neurotransmisor.
L-Glutamina: es utilizada por el cerebro como fuente de energía y equilibra la excitación nerviosa.