Renee Hartewelt había obtenido su licenciatura en literatura francesa en la Universidad de Leyden. Durante la primavera de 1985, la estudiante de 25 años prosiguió sus estudios en la Université Censier, en París. Además de su lengua materna, la atractiva chica holandesa hablaba alemán y francés. Vivía en un apartamento en la rue Bonaparte, al sur del Sena.
Issei Sagawa, quien pesaba 40 kilos y medía 1,39 metros, se sentaba al lado de Renee en una de las clases a las que asistían ambos en la universidad. El japonés era hijo de un acaudalado empresario japonés; había conseguido su licenciatura y maestría en la Universidad de Osaka. Al igual que Renee, Issei, de 33 años, hablaba fluidamente el alemán y el francés. Tenía su propio apartamento tipo estudio en el edificio 10 de la rue Erlanger.
Los dos estudiantes avanzados tenían en común su interés por la literatura francesa. Debido a que Renee dominaba mejor el francés, ella se ofreció a ayudarlo con las traducciones más difíciles; pero lo que ella no sabía era que su nuevo amigo tenía otras cosas en mente.
Durante años, este inteligente académico albergó fantasías -horribles fantasías. Quería hacerle el amor a una mujer y consumir partes de su cuerpo -no cualquier cuerpo, sino el de alguien que a él realmente le gustara. Sin que Renee Hartewelt lo supiera, ella era esa chica.
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