Internarse en el Jardín Botánico de Mérida es reencontrarse con un ambiente donde el reloj puede detenerse. El canto de los pájaros, el verdor de los árboles en los que fácilmente se puede ver ardillas saltando de una rama a otra, además de una selva nublada, son un pequeño abreboca para los visitantes.
Este espacio de 44 hectáreas es llamado -y con razón- "un gran museo vivo", precisamente porque allí se alberga una colección de plantas que lo hacen uno de los más importantes de Venezuela y Latinoamérica. De estas 44 hectáreas, sólo siete están a disposición de los visitantes, el resto son utilizadas para investigación y zona de protección.
Este espacio, fue cedido en 1991 por la Universidad de Los Andes para crear un jardín botánico donde, no sólo se desarrollara un reservorio de plantas amenazadas o en peligro de extensión, sino donde se fomentara la investigación científica. A la par el espacio se destinaría para desarrollar una colección de plantas y para ser refugio de especies animales locales y migratorias.
Obviamente debía contarse con un tiempo prudente para armar un jardín botánico que contara con todas los elementos para mostrar el trabajo labrado por científicos, profesores, horticultores y alumnos de la Facultad de Ciencias de la ULA. Fue entonces el 8 de diciembre de 2000 - nueve años después de creado- cuando se abrió al público. Desde entonces este lugar se convirtió en sitio para quienes quieren ver de cerca el verdor y la tranquilidad de la naturaleza. De parada en parada
Es temprano en la mañana. Apenas se asoman los primeros rayos de sol entre la majestuosidad del pico Bolívar. La vista que se tiene desde el Jardín Botánico es privilegiada, pues se disfruta en todo su esplendor no sólo el Parque Sierra Nevada con todas sus montañas, sino gran parte del otro parque guardián de Mérida: El Sierra La Culata
Cherry Rojas es una de las once guías del jardín. Es la primera en llegar, se dispone a preparar todo para cuando lleguen los primeros visitantes. Mientras lo hace empieza a relatar las bondades de su segunda aula de clases. Como estudiante de Biología en la ULA se conoce muy bien el funcionamiento del sitio. Como si se tratara de una clase de una de sus asignaturas, explica los tipos de plantas y hasta sus nombres científicos. El Bosque Caducifolio es una de las doce paradas que se cuentan en el jardín. Es amplio y de grandes árboles. En este extenso bosques se puede caminar, correr y hasta preparar un picnic dominguero.
La segunda parada tiene un largo paraje. Es la Selva Nublada con todos sus detalles. Este sendero está copado de plantas que bien se encuentran en los bosques nublados de Mérida. Desde una estrecha caminería se ven cantidades de plantas, así como frondosos helechos, calas, y orquídeas que adornan el húmedo ambiente.
De rama en rama
La tercera parada en el Jardín Botánico está dirigida a los más aventureros. Aún cuando su uso no tiene edades determinadas necesita de buenas condiciones. Se le llama Sendero Aéreo y tiene hasta su basamento científico. Su principio está basado en el Programa Mundial para Estudios en Copas de Árboles. Acá entonces se cumple con dos propósitos: Uno para las actividades científicas, pues permite el estudio de la biodiversidad desde las alturas y para aquellos visitantes que quieren vivir la aventura de caminar en las copas de los árboles que están a unos doce metros de altura. Para ello se instalaron cuerdas y puentes colgantes por donde se puede caminar. La salvedad es que en esta actividad ecoturística se usa un equipo de seguridad.
En 45 minutos
El segundo guía en llegar es Jorge Solórzano. "Además de guía nuestro trabajo consiste en enseñarle a los visitantes la necesidad de conservar el ambiente. La tarea no es sólo mostrar, también debe dejarse un mensaje ambientalista a todo el que nos visita", explica.
El recorrido se puede hacer en 45 minutos, aún cuando depende del interés que demuestre el visitante. Otro de los sitios, y que sería la cuarta parada es la llamada Plantas Útiles. En esta parte se disfruta en todo su esplendor un pequeño campo frutal, además de cantidad de plantas medicinales.
Muy cerquita de allí, y separado por un pequeño corredor, está la colección más notoria de este jardín. El bromeliario es su nombre y tiene la colección de bromelias más extensas de Venezuela y Suramérica. En la actualidad se cuentan unas 250 especies agrupadas en aproximadamente 600 ejemplares, lo que la hace, sin dudas, un excelente atractivo.
Faltan muchas paradas y ya son pasada las diez de la mañana, la actividad en el jardín se acrecienta. Por lo que se ve, va a ser un sábado movido para los guías. Algunas personas buscan la ayuda, pero otros -y por decisión propia- buscan la parada de su preferencia. En fin, el sitio da para que cada quien escoja su lugar.
otras paradas
- Parada de Plantas Xerofítica: se pueden observar cantidad de especies de plantas xerófilas como cactus y otras plantas propias de un ecosistema seco.
- Jardín Primitivo: área cultivada con plantas antiquísimas y que algunas ya desaparecieron. Se puede observar una planta como la cica, la cual en muchos casos se ha llamado fósil viviente pues tiene más de 300 millones de años. La magnolia y el ginkgo biloba son plantas que se pueden observar. La mayoría han sido traídas por el director del centro Juan Gavidia.
- Jardín Oriental: una laguna artificial rodeada de bambúes y en cuyo centro se destacan tres piedras en alusión a ídolos orientales.
- Sendero de Interpretación: es un sendero frondoso y forma parte de la reserva del parque, pero que también puede ser recorrida por los visitantes.
- Jardín de Rosas: aún cuando se está levantando ya se puede ver un inmenso jardín con cantidad de especies de rosas.
- Jardín de Guayabas: una nueva área del jardín.
Director del centro Juan Gavidia