"Un niño sordo es, por lo general, inteligente, juega como todos y se comporta de manera normal. Entiende todo lo que sucede a su alrededor, no porque oiga lo que se le dice, sino porque ha aprendido de lo que ve y de lo que siente". Las palabras de la otorrinolaringóloga Elizabeth Garrido resumen lo que hace unos años parecía no estar tan claro: los niños con pérdida auditiva pueden funcionar perfectamente bien, aprender a hablar y a comunicarse, asistir a una escolaridad regular y, en definitiva, tener una vida normal.
Pero -paradójicamente- la inteligencia y capacidad que tienen estos pequeños para adaptarse a su limitación y compensarla con el resto de sus sentidos dificultan el diagnóstico, pues en sus primeros años de vida pueden llegar a actuar con tanta normalidad que es difícil detectar el problema. "Por eso es que a los niños con pérdida auditiva hay que 'pescarlos' cuando están bebés". Y los padres son los protagonistas de esta determinante empresa.
Oído a los riesgos
Existen diferentes grados de pérdida auditiva: leve, moderada, severa y profunda. En la última se incluyen los casos de sordera. Cuando se trata de pérdidas leves y moderadas pudieran incluso ser temporales, dependiendo de su causa. También puede hablarse de pérdidas adquiridas, que ocurren en el transcurso de la vida.
Los factores de riesgo para padecer unas y otras son diversas, pero cuando se trata de bebés recién nacidos pueden resumirse así:
- Infecciones en la madre durante el embarazo (como rubeola, herpes, citomegalovirus y toxoplasmosis)
- Nacimiento prematuro
- Bajo peso al nacer (menos de 1,5 kilogramos)
- Sufrimiento fetal que produce hipoxia o disminución de oxígeno en la sangre
- Ciertos tipos de malformaciones físicas evidentes (aisladas o como parte de un síndrome)
- Infecciones que ameriten la administración de antibióticos al nacer
- Hiperbilirrubinemia neonatal
- Antecedentes familiares de sordera, especialmente por problemas con la proteína conexina 26
Las llamadas pérdidas adquiridas, aunque son menos frecuentes, pueden ocurrir, y se deben generalmente a traumatismos cráneo-encefálicos, otitis media aguda recurrente, síndromes febriles, convulsiones (febriles o no) o infecciones graves como rubeola, parotiditis, citomegalovirus y toxoplasmosis.
Oído a la oportunidad
Un niño a quien se le detecta una deficiencia auditiva al nacer puede recibir ayuda precoz y oportunamente, lo que le permitirá asumir su condición desde muy pequeño e incorporarla a su vida, además de aprender a hablar como un niño normo-oyente, ser parte de un salón de clases regular, tener amigos, comunicarse con ellos de manera efectiva y, en definitiva, integrarse a la sociedad.
Aquél a quien se le hace un diagnóstico tardío, en cambio, podría convertirse en un niño incapaz de hablar o comunicarse efectivamente con los demás y, por ende, incomprendido, solitario, aislado y encerrado en su propio mundo de silencio, del cual, después de unos años, será difícil sacarlo.
De allí, entonces, la importancia del diagnóstico certero y, sobre todo, precoz.
¿Cómo hacerlo? "En el año 1999, en los Estados Unidos se legisló como obligatoria la evaluación de audición en todos los niños recién nacidos". En Venezuela, sin embargo, esto no es mandatorio y no todas los centros de salud -públicos ni privados- ofrecen la posibilidad de hacer las pruebas.
La Clínica El Ávila, de la mano de la doctora Garrido, es uno de los centros que en Caracas tienen los equipos necesarios para evaluar la capacidad auditiva de todo niño que nace allí (o en otra clínica u hospital).
Existen dos tipos de pruebas. La primera es la determinación de emisiones otoacústicas, que se ofrece a todos los bebés que se consideran sanos, es decir, con sus funciones básicas en perfecto estado y sin ninguna malformación u otro tipo de factor de riesgo. "Esta prueba se hace al bebé a las 24 horas de nacido, cuando el oído ya está libre de grasa y líquido amniótico, y permite determinar si el oído interno está sano, lo cual, en el 99,9 por ciento de los casos, indica que el pequeño oye bien".
Para los bebés que nacen con uno o más factores de riesgo, sin embargo, la situación es otra y no es suficiente esta evaluación inicial. "A estos niños, una vez que se estabilizan y sus funciones básicas están maduras, deben practicárseles además los llamados potenciales evocados auditivos de tallo cerebral, una prueba que evalúa toda la vía auditiva para determinar (aunque el oído interno esté sano) si no se ha visto afacetada la capacidad del viaje de la onda sonora a través del sistema nervioso central".
En ambos casos, las pruebas son fáciles de realizar, no son invasivas y el niño no debe colaborar para hacerlas. Por ello, es necesario practicarlas en los bebés mientras duermen, administrándoles si acaso un sedante suave y seguro para mantenerlos tranquilos y obtener resultados confiables. "Según el estándar mundial, la meta de toda evaluación de audición en un niño es hacerla antes de los tres primeros meses de nacido para que, en caso de que se necesite rehabilitación, ésta pueda realizarse antes de los seis meses de edad, y así garantizarle un desarrollo adecuado del lenguaje y asistir a una escolaridad regular".
Oído a la solución
Un niño con dificultades auditivas tiene el reto de vivir con su limitación y salir adelante con ella. Asimismo, sus padres tienen la enorme responsabilidad de acompañarlo en esta empresa y, dentro de sus posibilidades, darle las mejores alternativas. Hoy en día existen básicamente tres tecnologías para compensar un problema de audición. Y aun cuando ninguna de ellas elimina ni revierte la dificultad cuando se trata de una pérdida progresiva o definitiva, todas permiten abrirle las puertas del sonido al niño desde que nace:
- La prótesis auditiva: Es la tecnología más sencilla, que va colocada en el oído externo y puede ser utilizada en bebés y niños pequeños.
- La tecnología BAHA (en inglés Bone Anchored Hearing Aid): Es un amplificador de titanio que se implanta en el hueso dentro del oído medio y es ideal para pérdidas auditivas moderadas.
- El implante coclear: Es la tecnología más costosa y sofisticada y se trata de un dispositivo electrónico implantado en el oído interno, especial para pérdidas profundas o cuando la amplificación convencional no es suficiente.
Oiga bien
Hay padres que notan deficiencias en el habla de sus hijos pequeños y se preocupan por su salud auditiva. Puede darse el caso de que éstos oigan bien, pero:
- Tienen poca estimulación para hablar, porque se quedan en casa al cuidado de personas que les conversan poco
- Están diariamente al cuidado de familiares de edad o que hablan otros idiomas
- Están dentro del espectro autista