Ser rubia es más que ir por las calles batiendo una melena amarilla en alarde del tinte recién colocado. Es, de hecho, para ser precisos, un estilo de vida que comienza por la forma de pensar. "El tono dorado llama más la atención que el negro o castaño, pero no es allí donde radica la verdad femenina, sencillamente porque el talento no tiene color", resalta la presentadora María Alejandra Requena, una de las pocas mujeres de la televisión venezolana que presume de contar con una base rubia. "Si una no está preparada para asumir retos profesionales, créeme que las puertas se cierran, independientemente de la elección que hayas hecho en la carta de colores que te presente tu estilista de confianza".
Sin embargo, ser platinada, más allá del veredicto genético, tiene otras demandas. Implica una manera de vestir: "Estar de punta en blanco", especifica, llena de humor, María de los Ángeles del Gallego, conductora de La Bomba. "Así que ser catira es una responsabilidad bastante grande, porque a pesar de que muchos no lo quieran aceptar, todos voltean por una como nosotras".
De modo que en semejante línea de creencias, está claro que no pueden ser de la estirpe de Marilyn Monroe quienes mentalmente sientan desdén por el peróxido. En otras palabras, no ingresan a dicho reino aquellas que valoren como impropio lucir una cabellera blonda justificadas en que vinieron al mundo con los ojos negros y el pelo oscuro.
En ese sentido, la debutante actriz Miryam Abreu sale a defender la cofradía de la cual se siente parte: "Ser peliteñida hace a la mujer más rubia, porque su decisión se basa en el deseo y no en el accidente de haber nacido morena".
AMARILLO ES LO QUE LUCE
María Alejandra Requena supo del poder que para otros tenía el color rubio cuando llegó de pelirrojo al canal RCTV, estimando que ese día levantaría suspiros a su alrededor. "A los dos días volví a pintarme el pelo como lo tenía, con lo que pude suponer -nunca se lo sugirieron- que el look inicial no rendía beneficios para la industria", dice quien también se ha atrevido a teñirlo de zanahoria y, en otras ocasiones, agregar mechones verdes. "Eran horrorosos, pero lo hacía porque me gustaba inventar".
Por su parte, el fundamento que ofrece Miryam Abreu podría dar cuenta de las razones que hacen de las chicas, como ella, objetos de deseo: "A las rubias las asociamos con el color del oro y con el sol brillante y poderoso. Ahora, si me preguntas qué hacer con las impostoras, creo que si tienen buena actitud (socialmente extrovertidas), hay que aceptarlas".
Y María de los Ángeles del Gallego remata describiendo las ventajas que tiene su gremio: "Muchísimas. Primero, el mundo nos mira; luego, todos los colores de ropa nos quedan bien, ya sea el rojo, el negro, el azul, el blanco, y esto sin contar con que somos una fantasía para los hombres".
Retada, entonces, a que sentencie si las rubias son símbolo de poder o un emblema de las tontas, la anfitriona de Televen no duda y advierte que ella y sus iguales son todas unas poderosas. "Lo que pasa es que ha habido catiras que han metido la pata, pero también hay morenas que tienen cuatro cotufas en el cerebro jugando dominó y con el juego trancado".
CUANDO SALE LA RAÍZ
Un mundo de angustia puede vivir quien al enfrentarse al espejo nota que las raíces de su pelo comienzan a revelar la autenticidad del pigmento. "En esos casos, yo comienzo a cambiar la manera de peinarme y me hago colas de caballo", confiesa María de los Ángeles del Gallego sus trucos de disimulo. "Sin embargo, mi mayor temor es cuando debo ir a la peluquería, pero no cuento con dinero en la cartera. Ahí me convierto en una mata de nervios".
La anfitriona del programa La Bomba, desvestida de toda pose, aclara lo que de ella se sabe: "Soy peliteñida, y a quien no le guste que no me vea... soy una rubia desde el alma, es más, yo estoy segura de que en otra vida fui Marilyn Monroe".
Puntos coincidentes son los que muestra Miryam Abreu al declarar como un principio ético que "la verdad de la gente está en lo que quiere ser, por eso no sé si adoro el peróxido, pero sí lo creo necesario".
Estas tres famosas de la televisión, representantes de una constelación de estrellas que, en menor o mayor grado, sucumbe al tinte, disponen de visitas periódicas a la sala de belleza. Sólo así pueden explicar en qué consiste ser rubias a lo criollo. "Yo no puedo tener dos dedos de raíces porque me parecen horrorosos. En eso soy venezolana coqueta", se define María Alejandra Requena. "Así que hago un hueco en la agenda cada tres meses para hacerme las mechas".
Completamente opuesto es el caso de Miryam Abreu, quien acude cada dos semanas a los retoques de rigor. "Pido que me atiendan en situación de urgencia".
Son retoques en los que María de los Ángeles del Gallego hace inversiones en bolívares: "Antes cuando era más catira iba a la sala cada 15 días, ahora soy menos catira y voy cada 20 días. Te hablo de la base, porque las mechas me las hago cada trimestre".
Son gastos significativos que asume sin remordimientos, porque, según afirma, lo vale su sueño dorado: "Es una inversión enorme, porque no sólo es importante pintar el pelo sino el tratamiento posterior que debemos seguir. Dado que el cabello teñido va muriendo, se requiere revivirlo, por eso yo mantengo ampollas, baños de crema y hasta protectores solares para el pelo. En una ocasión saqué la cuenta y supe que había gastado dos mil bolívares y medio, aunque por lo regular sólo son 600 bolívares que desembolso cada vez que voy al peluquero".
Las rubias, esas almas a veces temerarias que pudieran replantear el sentido patriótico de Simón Bolívar, parecen decir en cada jornada de belleza: si la naturaleza se opone lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca.
nllabanero@eluniversal.com