Mantener sus muebles en buen estado implica más una tarea diaria de conservación que el acometer a largo plazo una labor de restauración que lo más seguro deberá dejar en manos de especialistas, con el consecuente aumento de costos asociado y la no certeza de que podrán retomar del todo su apariencia original.
El mobiliario de madera, cuero y metal suele ser afectado por factores similares de origen ambiental como humedad, altas temperaturas y exceso de luz solar, algunos de los cuales se agravan en el trópico. Igualmente, también pueden atacar a la madera insectos como la polilla o el comején, así como el moho, el que también puede afectar al cuero por ser un material orgánico.
Establezca rutinas permanentes de limpieza de su mobiliario y mantenga un inventario estable en su hogar de los productos necesarios para esto. No olvide concienciar e involucrar a sus parientes en esta tarea, sobre todo en la prevención, pues mientras más numeroso sea su núcleo familiar, mayores serán los riesgos de dañar sus enseres.
Noble madera
La conservación de estas piezas variará según el tipo de madera y el acabado de la misma, pues no es lo mismo cuidar un mueble antiguo laqueado, que uno de pino barnizado o de MDF, un aglomerado hoy muy popular y que se usa para fabricar bibliotecas, mesas de TV, comedores, etc., al que se le suele aplicar un laqueado industrial.
Lustrar sus muebles de madera cada semana le asegurará una buena protección del acabado contra posibles daños y hará que luzcan como nunca; no obstante tenga cuidado con los productos muy económicos o con aquellos que contengan alcohol, pues éste puede dañar permanentemente estas superficies, igual que los limpiadores con amoníaco.
A los laqueados se les debe quitar el polvo con un paño suave y si lo desea se puede usar una crema para abrillantarlos, mejor a base de ceras naturales o aceite de teca. En el caso de rasguños, se aplican productos reparadores de madera, con color similar al del mueble. Para eliminar las marcas de los dedos basta con pasar un paño húmedo y repasar con abrillantador, pero los que tienen terminaciones doradas sólo se pueden limpiar con el plumero, pues son muy delicados. Una vez al año o cada dos al menos, ponga sus muebles laqueados en manos de un profesional que renueve el pulido y el lustrado. Si el mobiliario está pintado con esmalte, caucho o barnizado, se puede limpiar con un trapo humedecido en agua jabonosa suave -por ejemplo, una dilución de jabón para las manos y agua-, aclarar y secar. Los muebles de estilo rústico, y terminados sólo con sellador y un barniz ligero, se les debe humectar con frecuencia para lo que se puede emplear aceite de linaza, de teca o mineral, aunque los dos primeros son los más recomendados. Para alejar a los insectos, una receta antigua es mezclar aceite de linaza con trementina -ambos de venta en algunas ferreterías o tiendas de artes plásticas-, el primer producto evitará el resecamiento de la madera y el olor del segundo alejará a los "bichos"; luego debe pasar un paño suave seco para abrillantar y quitar los restos. Otro producto casero que se em- pleaba antaño es el aceite de oliva, pero su costo hoy lo hace menos accesible. Si se vuelca agua en el mueble de madera, coloque un papel de cocina absorbente inmediatamente para impedir que penetre la fibra; para sacar la mancha frote con un estropajo de acero muy fino -lana de acero-, luego aplique cera o crema de pulir.
Si la cera de una vela cayó sobre el hermoso acabado de la mesa del comedor, espere hasta que se enfríe, luego aplique hielo sobre ella. Una vez que la cera derramada se endurezca y torne quebradiza, ráspela suavemente con una espátula de plástico. Finalmente, pula la madera con una crema fabricada para estos fines, y retire todos los residuos.
Si va a emplear un mobiliario de madera para el jardín, escoja la sección menos soleada y expuesta a la lluvia para colocarlo y aplique barnices especialmente resistentes y que tengan componentes antigérmenes. Dos veces al año puede emplear aceite de linaza para humectar la madera. Tenga en cuenta que las maderas duras y tropicales tienen una resistencia mayor a la intemperie y el cuidado que requieren es menor que las blandas o semiblandas.
Versátil cuero
Aunque es un material que puede durar cuatro veces más que una tapicería de tela, el cuero no deja de ser delicado, por lo que es necesario cuidarlo de quemaduras y cortes, y protegerlos de mascotas como perros y gatos, pues no resiste sus arañazos. Regularmente, se les debe pasar un trapo limpio y levemente húmedo para quitar el polvo, pero no la aspiradora ni con un cepillo de cerdas duras pues puede rayar la superficie; tenga en cuenta que el polvo puede ser abrasivo y potencialmente perjudicial para el cuero. Para manchas más profundas y resistentes se puede preparar una mezcla jabonosa de agua con champú para cabello y frotar ligeramente todo el mueble con un paño humedecido muy escurrido, tratando de que no queden manchas por cambio de color en el cuero. No limpie sólo el área donde está la mancha, sino también la superficie circundante. Y para evitar accidentes y maltratos, pruebe primero el producto a aplicar en un área oculta del mueble para asegurar que el cuero lo resiste sin dañarse ni decolorarse.
La humectación es fundamental, por lo menos una vez al año, se debe untar el cuero con una crema especial o con aceite de ricino; se aplica y se deja actuar para que el cuero absorba, este procedimiento evitará que se abra o reseque. Si el cuero es de color claro, puede usar vaselina o crema neutra para calzado, aunque ésta última tiene un penetrante olor que no toleran muchas personas. Sin embargo, en pieles delicadas, opte siempre por productos especializados.
Al igual que la madera, este material debe protegerse de la luz excesiva y de las fuentes de calor para evitar que se reseque. Procure no dejar periódicos y revistas por mucho tiempo en la superficie de sus muebles de cuero, pues la tinta puede filtrarse debido al contacto prolongado; igualmente evite el uso de productos nocivos cerca de estos muebles. Prevenga derramamientos y daños que pueden ocurrir por tinta de bolígrafos, removedor de uñas, pintura de uñas u otras sustancias cáusticas. Voltear, moldear o reacomodar con sus manos el relleno de los cojines o almohadas removibles regularmente ayuda a un desgaste uniforme y evita la formación de "arrugas" que pueden formarse en el cuero.
Para el cuidado normal de la gamuza, se debe cepillar suavemente de vez en cuando para ayudar a quitar manchas generales.
De otros materiales
En el caso de mobiliario para el exterior, muchas personas optan, además de la madera, ra-ttan o hierro forjado, por los fabricados en aluminio o resina (plástico) que toleran mejor las duras condiciones de la intemperie. En este caso, es conveniente descartar el uso de productos abrasivos, por lo que se preferirá una sencilla mezcla de agua y jabón neutro.
Hay que tomar en cuenta que el mobiliario de resina de menor calidad tiende a adquirir una tonalidad amarillenta debido al paso del tiempo; para evitarlo se puede aplicar una disolución de un poco de bórax o bicarbonato de sodio en un litro de agua sobre la superficie del mueble; dejar actuar unos minutos, restregar con esponja suave y aclarar. La grasa acumulada puede ser otro problema; en este caso se puede usar el mismo limpiador antigrasa para la vajilla. Un algodón humedecido en alcohol ayudará a eliminar las manchas de tinta.
Los muebles de rattan u otras fibras naturales, aunque también suelen colocarse en exteriores, no son resistentes al agua, por lo que deben resguardarse de la lluvia y condiciones ambientales extremas. Se les debe quitar el polvo periódicamente y limpiarlos con un paño húmedo. De vez en cuando es también muy recomendable, con ayuda de un cepillo suave y una solución de jabón, limpiar a fondo el tejido, enjuagándolo y dejándolo secar.
El aluminio es moderno, ligero y no corre riesgos de oxidarse, a su vez es resistente a la humedad, el agua, el sol y los golpes. Un mueble fabricado en este material perdura por muchos años con mínimos cuidados, lo que incluye remover la suciedad acumulada con agua y jabón suave periódicamente. El hierro es un material resistente y duradero; su problema más frecuente es el óxido, el cual se debe quitar con ayuda de un cepillo de alambre y/o lija, aplicarle luego un tratamiento anticorrosivo (minio) y repintar.