La renovación de la tapicería de los muebles es parte de las opciones a considerar cuando deseamos remodelar los espacios y crear nuevos ambientes en nuestro hogar. Sin embargo, en ocasiones es necesario cambiar el vestido de los muebles más bien por la imposición que acusa el paso del tiempo y el desgaste por el uso, que por ejecutar un plan de renovación integral.
En ambas situaciones, el criterio estético debe ser la guía que oriente la conjugación de la tapicería con los otros elementos decorativos de la casa y así lograr un efecto de remozamiento que será agradecido por quienes la habitan y alabada por quienes la visitan. Adicionalmente, y gracias a la tecnología, nuestra inversión será más rendidora en el largo plazo gracias a los nuevos avances en la fabricación y tratamiento de los textiles.
Lo que debes saber antes del tapizado
1. Conocer el efecto de la tela en el mueble
› Antes de entrar a la tienda de telas, ten claro el esquema cromático y de textura general de tu hogar, a fin de hacer una selección armoniosa y complementaria.
› El motivo de las telas estampadas debe estar en proporción con el tamaño del mueble para que el patrón del estampado se aprecie lo más completo posible. Los dibujos grandes son adecuados en habitaciones amplias y luminosas, ya que visualmente "llenan" el espacio.
› Las telas en tonos claros o de estampados discretos harán lucir los muebles más grandes.
› Los tejidos de colores medios, sin o con estampados diminutos, se integran muy bien en la decoración total del hogar.
› Acentúa la sensación de unidad repitiendo un mismo color o tonalidad en combinación con cojines y cortinas.
2. Tipos de tejidos, características y usos
› Actualmente el mercado ofrece telas con tratamientos antiarrugas, sanforizados; ignífugos que protegen del fuego, con acabados que aportan brillo, resistentes al lavado o con protecciones antimanchas, entre otros, que impiden que los líquidos y grasas, además del polvo, penetren en el tejido.
› Por lo general, los tejidos livianos (como la seda o el satén) no son recomendables para tapizar sofás. Este tipo de telas debería utilizarse únicamente para una pieza de mobiliario muy especial para el cual se prevé poco uso.
› A pesar de lo anterior, el hecho de que una tela sea más gruesa no necesariamente significa que sea de mayor calidad ni de mayor resistencia. Una tela puede resultar al tacto más delgada que otra, y en cambio la estructura del tejido y el largo de los hilos la hacen menos propensa al pilling (la antiestética formación de bolitas que tanto afean las telas), y también al lavado.
› Para asientos de mucho uso, comúnmente suele seleccionarse el otomán, el jacquard (opción segura contra el pilling), y las chenillas o chenilles. Otras telas muy empleadas son el alcántara, la loneta y el piqué. Por otro lado, el algodón o la mezcla de éste con sintéticos está teniendo, hoy en día, un gran auge dentro del tapizado.
› La seda natural (muy delicada), el terciopelo (atrae polvo), el moaré (muy delgado) y el lino (muy absorbente), deben reservarse para una función decorativa solamente, ya que son poco resistentes o de difícil mantenimiento.
› Las fibras tipo poliéster, empleadas solas o con mezcla, son más económicas y fáciles de mantener, pero soportan peor el paso del tiempo.
› Las microfibras —tejido sintético de hilado muy tupido— que imita la piel de ante, son muy resistentes, se limpian con facilidad y repelen muy bien el polvo.
› Comúnmente las telas bordadas precisan de cuidado extremo al momento del lavado para evitar halar el tejido. Las telas de rafia pueden dar problemas al tapizarse porque ceden con facilidad y hacen ondas. Sin embargo, son muy utilizadas en almohadones y estores.
› Para asegurarse que su selección es la más idónea consulte la ficha técnica de la tela, allí aparecen todas sus características, sus propiedades especiales y el tipo de lavado más apropiado.
La clave: mantenimiento
Sea cual sea tu elección, la idea es evitar el deterioro prematuro de los tejidos y retrasar un nuevo retapizado la mayor cantidad de tiempo posible. Estas recomendaciones te serán de gran ayuda para tal fin.
› Si tienes niños pequeños y mascotas, coloca en sillas o sofás o fundas de lavado en casa.
› Protege los brazos y la zona alta del respaldo con fundas de la misma tela.
› Controla la humedad de tu hogar, así será más difícil que el polvo se pegue a la tapicería.
› Procura evitar que los asientos reciban el Sol directo porque los expones a que se decoloren.
› Para que la suciedad no penetre en los tejidos conviene eliminar las manchas de inmediato.
› Cada semana quita el polvo con la aspiradora y utiliza las diferentes boquillas que se adapten a los rincones del mueble.
› Cada tres meses, después de pasar la aspiradora y si la tela lo permite, aplica espuma seca para eliminar la suciedad más rebelde. Déjala actuar el tiempo indicado y retira los restos del producto con un cepillo. Si los sofás son desenfundables, se recomienda lavar las fundas regularmente. Para los muebles tapizados en piel, lo aconsejable es nutrirlos con cera incolora.
› Para casos de suciedad extrema o manchas rebeldes, en el mercado se ofertan impresas especializadas en limpieza de tapicería que se trasladan hasta tu hogar, estos expertos recomiendan y ejecutan el tratamiento apropiado in situ.