Si usted tiene arrumado un viejo carrito de metal o nunca quiso regalar a su "Romina, la muñeca que patina", seguramente entiende por qué en el mundo son tan populares las comunidades de fanáticos de juguetes antiguos. Eche un vistazo en Google y encontrará decenas de páginas y clubes dedicados al tema.
Toycollectormagazine.com, por ejemplo, es una revista en línea con más de 20 mil piezas infantiles disponibles para subasta porque, tal como ocurre con las obras de arte, la fascinación por estos artículos es tal que admiradores de todo el orbe pagan sumas astronómicas por quedarse con piezas que alguna vez acompañaron a algún niño. En septiembre de este año, el carro de bomberos que se ve más abajo, fabricado en 1912, fue vendido en una subasta en Alemania por 149.500 dólares; es decir, 321 mil bolívares fuertes, nada mal para una pieza de tan sólo 42 centímetros.
En Venezuela, el coleccionismo de juguetes no mueve tanto dinero y ha estado limitado a una comunidad poco visible, aunque con intensa actividad en Internet, en la que fanáticos de muñecas, cultores de carritos a escala o adictos a los figurines de acción intercambian datos y compran y venden piezas de todo tipo. En Barbievenezuela.blogspot.com, los apasionados de la rubia de plástico discuten sus inquietudes sobre la muñeca preferida de las niñas, mientras en sitios como Mercadolibre.com, muchos publican avisos clasificados de compra-venta. "Vivo en Nueva Esparta y estoy interesado en comprar la serie completa de los Protectobots", dijo un usuario de Lycos.es.
Partiendo de esto, en marzo de 2008, Léster Romero y Eduardo Hernández, dos coleccionistas de artículos lúdicos, crearon www.retrotoys.com.ve como una página que ofrece la posibilidad de ver, restaurar, comprar o, simplemente, admirar más de 1.000 piezas infantiles de varias décadas. El site se ha convertido en la primera comunidad virtual de los adictos venezolanos a los juguetes del recuerdo. "Cuando pusimos al aire la página -dice Léster Romero, nos dimos cuenta de que somos muchos en el país los que atesoramos nuestros juguetes de infancia como recuerdos valiosos y no como simples objetos de madera o plástico". De hecho, actualmente el website cuenta con más de 900 personas inscritas y recibe por lo menos 100 visitas cada día, a lo que se suma que el perfil de Facebook que crearon Romero y Hernández hace sólo dos meses tiene ya más de 1.200 seguidores y que, gracias a los nexos creados en la página, se han organizado dos encuentros de "jugueteros" en Caracas a los que los "fanáticos" han acudido con sus preciados artículos para compartir anécdotas.
Niños otra vez
"No se trata de vivir en el pasado", advierte Eduardo Hernández a quienes piensan que el gusto por los juguetes antiguos es sólo para nostálgicos empedernidos. "Como adultos, vivimos el hoy, pero nuestra vida está hecha de memorias y conservarlas nos ayuda a recordar quiénes somos y de dónde venimos. Eso son los juguetes, un pedazo de nuestro pasado que nos hace sentir bien, que nos emociona".
Y es precisamente el vínculo afectivo el que, según estos coleccionistas, hace tan popular la tendencia. "En una feria, conocimos una muchacha que había visto unos juguetes de Fischer-Price en la página y se puso a llorar, porque estaba emocionada de revivir los momentos felices que disfrutó con ese juguete", dice Léster Romero.
De hecho, son muchos los que se conectan a www.retrotoys.com.ve no sólo para admirar o comprar un artículo lúdico antiguo sino para solicitarles a Romero y Hernández la restauración de esa Barbie a la que se le cayó un brazo o del carrito al que le falta una puerta. "Hace poco nos contactó una señora mayor que quería regalarle a su nieta una muñeca que guardaba desde su infancia. Nos entregó una foto del tiempo en que era niña y nos pidió que le rehiciéramos el vestido tal y como estaba en la imagen. Esa nostalgia es conmovedora", dice Romero. "Quienes conservan o recuerdan un juguete antiguo son personas nobles, porque están en permanente conexión con su niño interno y tienen una manera de analizar la vida más fresca y hermosa. El juguete antiguo es como una caja de Pandora, porque cada vez que te encuentras con él abres la puerta a todas esas emociones bonitas", enfatiza Eduardo Hernández.
Haga la prueba: ¿Qué piensa cuando le hablan del "Señor Cara de Papa" o de "Pin y Pon"? Si está sonriendo y se trasladó a los tiempos del parque o el columpio es porque en usted todavía hay algo de esa edad de la inocencia esperando que le abran la puerta y le dejen entrar, aunque sea unos minutos.
El "repollito" de Elaiza
Para la actriz de teatro y TV, reencontrarse con los "bebés repollitos" fue vivir nuevamente las horas de angustia que padeció desde que vio por primera vez estos muñecos regordetes y acolchados mientras estaba de vacaciones en Estados Unidos, hasta que logró que sus padres le regalaran uno, precisamente una Navidad de los años ochenta. "Toda mi familia decía que eran horrorosos y, por supuesto, no querían darme uno. Cuando llegamos a Venezuela, mis compañeras de colegio fueron llevando, una a una, sus muñecos y yo entré en crisis porque no lo tenía. Recuerdo que me compraron una imitación más económica y fue tal la pataleta que al final me lo compraron. Tenía un certificado de adopción a mi nombre, su cara era única, su pelo rojizo y tenía pecas. Eso fue lo máximo. Recuerdo que jugué con él hasta los 14 años. Para mí, era mi hijo".
Para Elaiza éste y otros juguetes "retro" son tan valiosos que todavía conserva guardados como tesoros un carro y un teatro de la Barbie, además del hospital de Fisher-Price. "Mi mamá se burla y me amenaza con botarlos, pero creo que de vez en cuando es rico abrirlos y quitarles el polvo, porque me conectan con todo lo feliz que fui y creo que eso es muy valioso para uno como adulto. Además, esos artículos propiciaban la interacción entre los chamos. Ahora los niños se aíslan frente a la computadora".
Aunque salieron hace casi 30 años, Gil cree que estos repollitos pueden atraer a las nuevas generaciones, aun en la era del reggaetón y la precocidad. "Las niñas todavía disfrutan la fantasía de ser mamás y tener un bebecito de peluche en los brazos las hace divertirse e imaginar inocentemente, aunque el iPod y el Wii le han ganado mucho terreno".
Mi juguete de hoy
"El Wii. Lo tengo entre ceja y ceja. Ojalá en mi infancia hubiera tenido toda la riqueza visual y sensorial que proporciona este aparato. Es increíble".
Luis Julio Toro La fuerza creativa del lego
Imaginar y crear son dos palabras que definen a Luis Julio Toro, flautista, compositor y miembro del Ensamble Gurrufío. Según él, parte de su fuerza creativa como músico se la debe a las miles de figuras que armó y desarmó durante su infancia utilizando estas piezas de plástico. "El Lego es un invento genial que permite desarrollar la fantasía de construir, y eso no es más que comprobar que puedes inventar algo de ti mismo. Yo pasaba el día armando edificios, barcos o muñecos. Lo malo era que la única manera de volver a crear era desarmando lo que había hecho, lo que representaba un conflicto porque me obligaba a crear algo mejor para ver si se salvaba de ser destruido. Creo que gracias a eso hoy puedo hacer música una y otra vez sobre las mismas notas".
Aunque defiende los juguetes mecánicos con los que le tocó relacionarse, Toro no sataniza los juegos virtuales que dominan la escena actual. "El juguete virtual no debe desplazar al juguete mecánico, porque el niño necesita tener contacto con lo que le rodea. Pero es un error aislar a los chamos de los juguetes de computación, porque los pone de espaldas al mundo. Y el juguete no sólo entretiene sino que ayuda a relacionarse".
A sus 48 años, reconoce que sólo se volvió a enfrentar a una caja de Lego para esta sesión de fotos en la que, por cierto, construyó una flauta perfecta. "Quiero regalarle a mi hija de cinco años este juego porque es una manera maravillosa de despertar su imaginación. Y así vuelvo a jugar yo también (risas)".
Mi juguete de hoy
Las patinetas y bicicletas de alta tecnología. "Cuántas piruetas podría haber hecho de muchacho con esas maravillas. Pero no importa. Lo que no pude hacer entonces lo hago ahora. Me compré unas de esas bien modernas y me pongo a montar bicicleta y patineta para sacarme el clavo (risas)".
Una Barbie para emma
La actriz Emma Rabbe siempre soñó jugar con la piscina de la Barbie con la que posó para estas fotos. En la Navidad de 1980, su mamá le regaló una similar, pero inflable y más económica. En ese tiempo, tenía 11 años y su familia no contaba con muchos lujos. "Mi mamá no tenía plata para darnos grandes obsequios así que 'Santa' no traía lo que queríamos sino lo que podía. Por eso fue una emoción muy grande cuando mi hermana y yo abrimos las cajas y encontramos esa piscinota. Aunque no era la que pedimos, nos sentimos felices porque era la primera vez que recibíamos algo verdaderamente anhelado, así que saltábamos de la alegría. 'Ahora puedo pasarme 24 horas jugando en la casa', le dije a mi mamá después de abrazarla.
Tan importante fue en su vida este juguete que Rabbe lo conservó hasta que tuvo 14 o 15 años. "Mi mamá me enseñó que debía entregar lo que ya no iba a utilizar a quien pudiera disfrutarlo más. Se la dimos a unas niñas de un barrio cercano al sector donde vivíamos y cuando vi sus caras me sentí tan feliz como cuando me la regalaron".
Aun así, anhela poder tener en un rincón de su cuarto algún modelo de las muñecas con las que jugó. "Para mí fue tan maravilloso lo que viví con ellas que verlas nuevamente me recuerda esa inocencia que nos hace falta como adultos". Por eso, hoy como madre está recopilando pedazos de la niñez de sus hijos, para regalárselos cuando estén creciditos. "Cuando veo un juguete que les gusta mucho se los guardo. Cuando tengan 20 años van a agradecerme que les devuelva un poquito de esa magia infantil. Eso es lo bonito de recordar el pasado".
Mi juguete de hoy
Los muñecos de Plaza Sésamo que cuentan cuentos si les aprietas la barriga. "Mi mamá trabajaba mucho y a veces no podía estar con nosotras. Me hubiera gustado tener uno de esos peluches para dormirme abrazándolo mientras oía cómo me contaba Blancanieves o Los tres cochinitos".
César Becerra La culpa es de "meteoro"Si los juegos infantiles revelan la personalidad que los niños desarrollarán de mayores, entonces César Becerra ya sabía de pequeño que su vida estaría centrada en los vehículos. "Lo mío siempre fue un carrito", dice el narrador de Fórmula 1 de Televen, quien recuerda las horas que pasó montado en un modelo deportivo rojo que, aunque hecho de plástico y con pedales, lo hacía sentir un piloto de carreras. "El tablero tenía calcomanías que simulaban el velocímetro. Como yo vivía en Propatria, empujaba el carro hacia una de las partes altas, me montaba en ese bicho y me lanzaba pedaleando por toda la calle. Además, gozaba un puyero desarmándolo y cambiándole las rueditas como si fuera un mecánico de las competencias". Becerra recuerda con especial cariño un modelo a escala del famoso Max 5 de Meteoro que le regalaron en una Navidad. "Era blanco y había que ponerle una calcomanía para hacerlo parecer al de la comiquita, pero yo me imaginaba no sólo haciendo las peripecias de Meteoro sino pensando en toda la tecnología que había detrás de los botones del carro".
El comentarista confiesa que a sus 47 años sigue añorando aquel juguete. Quizás por eso tiene una colección de más de 100 autos en miniatura. "Si veo algo de Meteoro lo compro y punto. En mi estudio tengo un modelo a escala del carro de la comiquita, porque ese juguete me hizo vivir cosas muy bonitas". Por eso, no cree que los niños de ahora puedan disfrutar estos artículos "vintage". "Si yo le regalo uno de estos carros a un pana de mi generación va a disfrutarlo porque al verlo vuelve a ser niño, pero para los chamos de ahora no representa nada. No tiene que ver con su realidad".
Mi juguete de hoy
WarCraft. "Es un videojuego de roles al estilo de El señor de los anillos en el que tienes que planificar estrategias para ganar batallas. Es muy interesante, porque tienes que jugar en equipo, algo que me gusta enseñarles a mis hijos".
Rarezas valiosas
Dicen que los buenos momentos no tienen precio, pero en el mundo de los coleccionistas, tener ese muñeco que te devuelva a la infancia puede costar unos cuantos bolívares. Aquí algunas muestras de lo que puede intercambiarse en www.retrotoys.com.ve y de lo que puede llegar a pagar un aficionado por una pieza.
Barbie pionera
"Conseguimos dos ejemplares del primer modelo, del año 1959 -dice Eduardo Hernández. Pagaron casi 700 bolívares". En eBay.com puede subastarse por 3.000 dólares.
Tren de hojalata
Original de 1963, este juguete a baterías se mueve, hace "chú-chú" y enciende sus luces. Toda una joya para la generación que roza los 50 y no disfrutó las "ventajas" y seguridad de la era del plástico. Cuesta 144 bolívares.
ATT de Star Wars
Más de 700 bolívares pagó un fanático por esta nave de la Guerra de las Galaxias. "Esa pieza de 1978 puede valer más de 1.000 dólares, porque estaba en su caja sin abrir, lo que aumenta su valor", dijo Romero.
Los Pin y Pon
Si usted creció en los ochenta, recordará a la parejita de muñecos plásticos de cinco centímetros con la que podía jugar a la familia. 280 bolívares cuesta esta pista de patinaje de 1983 que tiene caja musical.
Muñeca Joy
Del año 1956, "esta pieza venía como regalo con la compra de un desinfectante de la época. Si adquirías el desinfectante y dabas un centavo, te llevabas la muñeca", dice Eduardo Hernández. "La vendimos en 200 bolívares y muy rápido", dijo Léster Romero.
Aeropuerto Fisher-Price
De 1971, vale 380 bolívares. "Una señora compró un ejemplar porque había jugado con él y su sobrinito quedó fascinado diciéndole: 'tía, ¿de dónde salió esto tan divertido?', Hay juegos atemporales", dice Hernández.
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