En torno al sueño de la juventud, aspiración suprema de la apariencia, se ha levantado un imperio de cosmética mundial que se afana en llevarlo a la realidad... a veces, más allá de lo improbable. Igualmente, se ha desarrollado una ciencia médica que, entre errores y aciertos, sigue ahondando en soluciones para evitar que las arrugas aparezcan en el tiempo indebido.
En ese camino también han surgido mitos. Uno de éstos, vincular la lozanía al uso exclusivo de cremas faciales milagrosas. Otro, considerar que las terapias de cabina bastan para borrar surcos en la cara de alguien que nunca se preocupó por cumplir principios básicos como añadir al cuerpo los antioxidantes que regalan las frutas. Y, tal vez el más importante, pretender que la proteína del colágeno -con la cual se garantiza el vigor- puede estimularse consumiéndola en forma de píldora o merengada, ambas modalidades ofertadas por un sector de la estética actual. Pero, ¿es realmente sencillo restaurar el colágeno que el tiempo va quitando?
Más allá del género
No todo está dicho en materia de antienvejecimiento. Más allá de lo que alguien pueda hacer por su propio cuidado, se habla de la determinante influencia de los genes. En ese punto, donde manda la genética, la voluntad individual podría quedar algo maniatada al dictamen de la herencia, trátese de mujeres o de hombres. Porque el colágeno, dicen los entendidos, no es diferente en ningún caso, salvo que los varones, al contar con una piel que se ha estimado 16% más gruesa que la de las mujeres, lo tienen en mayor cantidad, razón por la cual el envejecimiento demora más en ellos.
Tantas inquietudes alrededor de la estética tienen dolientes en quienes repletan, cada vez más, los consultorios de medicina antienvejecimiento y las camillas de los spas.
Aunque, hasta ahora, el reto ha quedado en ambición, dos especialistas -uno en cirugía plástica y otro en dermatología- presentan sus análisis más optimistas. Así, refuerzan las armas de aquellos que necesitan respuestas para capitalizar los ánimos. Y los argumentos presentados por los expertos no dejan de ser alentadores.
¿Qué es el colágeno?
No muy lejos puede llegarse en la rehabilitación del colágeno si antes no se conoce de éste y de cómo funciona. En tal sentido, Luciano Marrero, cirujano plástico y especialista en estética facial del Urológico San Román, lo define como una proteína natural, en forma de fibras entrelazadas, que se encuentra en la composición de órganos como los huesos, cartílagos, tendones, ojos, vasos sanguíneos y, fundamentalmente, en la piel. "Su principal función -indica- es garantizar el armazón que mantiene en su lugar todos los órganos, y, también, contribuir con nuestra firmeza, elasticidad e hidratación".
Su relevancia es tanta que cálculos manejados por la ciencia le dan al colágeno, de acuerdo con Marrero, una representación de hasta 30 por ciento del total de las proteínas que posee el cuerpo humano, ubicándose por encima de cualquier otro tipo de presencia proteica.
Por cuanto es el componente estructural más importante de la piel; es decir, el elemento que la mantiene viva, se ha transformado en la "vedette" deseada y perseguida por la cosmética de hoy, y en el tesoro que casi todos quieren conseguir a través de cualquier medio.
Para explicar las razones de tanto asedio, el doctor Jorge Vera, dermatólogo con postgrado en medicina interna y en ciencias dermatológicas de la Universidad Central de Venezuela, apunta que nadie quiere quedarse de brazos cruzados cuando ve que su casa se derrumba. Y, entonces, sobre su misma idea, ejemplifica que las células humanas son como ladrillos que arman la estructura de cada persona. Éstas (las células) necesitan estar amalgamadas a través de un pegamento, que estaría compuesto por la elastina (otra proteína), el ácido hialurónico (azúcar natural) y, el más determinante, el colágeno.
Con el paso del tiempo, el pegamento suele ir perdiendo potencia, lo que ocasiona debilitamiento de la piel. Entonces ocurre lo que la gente acepta a regañadientes frente a un espejo (y en solitario): "Estoy envejeciendo". En realidad, lo que ha comenzado es un proceso natural en el cual mejillas, párpados y labios, por citar ejemplos, van precipitándose del lugar original. Y aunque sea un paso normal que todo ser vivo experimenta, no por eso está libre de provocar angustias.
Como consecuencia de un colágeno que con los años se hace perezoso, el cuerpo y el rostro, sencillamente, ya no exhiben la misma tonicidad que en el pasado. Ahora bien, la determinación personal puede impactar positivamente para que esa marcha sea lo menos acelerada posible. ¿Cómo?
¿CUÁNDO COMIENZA LA PÉRDIDA?
Cumplir 30 años de edad no sólo es pertenecer a un "club" donde muchos replantean la vida de un modo más reflexivo. Es también ingresar al escenario donde comienza a declinar la producción de colágeno. Hay quienes aseguran que, incluso, la disminución se inicia a los 25 años de edad.
Más allá de la precisión cronológica, está claro que la edad, aunque regala experiencia, trae consigo la vejez. Sólo que ésta se presenta de manera menos devastadora si la persona respeta una cartilla de recomendaciones pertinentes.
Para empezar, hay que tener claro que el ser humano nunca deja de producir colágeno. Eso es una buena noticia. Sin embargo, a los 60 años de edad se pierde 35 por ciento de la capacidad para generarlo.
Factores como la sistematización del ayuno influyen en la merma. ¿Por qué? "Al no proveer al cuerpo de nutrientes provenientes de los alimentos, éstos son sustituidos por el colágeno que se extrae de las reservas del organismo, principalmente de la piel, donde se encuentra su mayor depósito", explica Jorge Vera.
En la disminución del colágeno también interviene negativamente la exposición constante al sol, y el hecho de prescindir del uso de protectores. Igualmente, los excesos en el consumo de tabaco y alcohol se suman al saldo rojo. Todo ello sin contar con la información genética con la que se nace. Ésta puede ser, en algunos casos, un privilegio que hace lucir y sentirse joven por mucho más tiempo que el promedio. Se refiere a individuos que preservan una piel casi intacta aunque pasen los años. O, en sentido opuesto, la carga genética puede convertir al desdichado en una persona madura antes de lo esperado. Aquí destacan aquellos jóvenes que lucen vejez prematura, aun habiendo respetado lineamientos que se inscriben dentro de la medicina antienvejecimiento. "La gente de piel saludable casi siempre tiene padres con una piel saludable. Mientras que quienes padecen acné, se lo deben, por lo general, a una herencia paterna", simplifica Vera.
La poca solidez del colágeno se refleja, por una parte, en la flexibilidad o no que tenga nuestro esqueleto; y, por otro lado, en la depresión de la piel, cuya expresión más drástica son las arrugas. "Cuando bajan los niveles de esta proteína -corrobora Luciano Marrero-, disminuyen la hidratación y la elasticidad, trayendo, como consecuencia, la flacidez de la piel. Caso contrario ocurre en los jóvenes, cuya elasticidad y flexibilidad se deben, precisamente, al alto contenido de colágeno que poseen".
¿Qué hacer?
A pesar de que la piel va haciéndose frágil, sobre todo donde más ha sido castigada por el sol (brazos y cara), las personas pueden contribuir con su propio bienestar. Fórmulas sencillas van desde usar protectores solares y evitar las horas picos de sol, hasta consumir el antioxidante de la vitamina C (se obtiene de frutas como el mango, la naranja y la lechosa, entre otras). "Si le damos herramientas a las células, el colágeno no sólo va a durar más, sino que lo produciremos de mejor calidad", advierte Vera.
El especialista de la piel menciona el ejemplo extremo de los surfistas, quienes, según su opinión, sufren de fotoenvejecimiento como resultado de la alta exposición al sol. "Esta imprudencia hace que se formen radicales (sustancias químicas tóxicas), que determinan la muerte rápida de las células, y provocan que el colágeno sea flojo, de mala calidad o perezoso".
Hay que advertir, a modo de no crear rechazo al sol, que no todo es negativo en cuanto al llamado astro rey. También tiene beneficios. Por ejemplo, activa la vitamina D, que favorece la fijación del calcio en los huesos y disminuye la desmineralización de éstos, dos explicaciones que justifican el esplendor anatómico que algunos muestran, incluso a edad tardía.
¿AYUDAN LOS COSMÉTICOS?
Ante el boom que ha tenido en el mercado cosmético el ofrecimiento de productos a base de colágeno, el dermatólogo Jorge Vera explica que la ciencia ha realizado experimentos en cultivos de células, a partir de los cuales se ha comprobado que, en efecto, esta proteína puede estimularse con la ayuda combinada de la alimentación y la cosmética. El proceso de trabajo parece sencillo. Cuando estos factores influencian la célula del fibroblasto (generadora de las células del tejido fibroso) simultáneamente se motoriza la producción del colágeno.
Pero sigue siendo una fantasía creer que sólo con una crema humectante se producirá el "milagro"; y sería aún más ingenuo pensar que al aplicarla con el entusiasmo de un fanático, la cara de 50 años pasará a reflejar, de la noche a la mañana, apenas 30. "Aunque puede ayudar, dependiendo del principio de ese producto, considerarlo como única salvación es aferrarse a una mentira absoluta", establece Vera. "En gran medida, esa creencia tiene que ver más con el marketing".
Hay, sin embargo, algunos principios activos en las cremas que pueden buscarse al momento de comprarlas. Como activadores del colágeno, los expertos recomiendan aquellos cosméticos que incluyan en su fórmula sustancias como la saponina, un químico contenido en algunos vegetales, cuyo poder activador ha sido demostrado por la ciencia; asimismo, destacan las cremas que en su fabricación apelan a los péptidos (aminoácidos) o a la vitamina A (retinol). Y, por otro lado, se aconseja la estimulación térmica con peelings químicos y láser.
"Pero la piedra angular para no envejecer -reitera Vera- es protegerse del sol. Ya con eso se gana 30 por ciento de la batalla para verse bien. Y la otra piedra angular sería una dieta sana y una vida sin excesos".
La magia de la luz
El láser es uno de los recursos más modernos para recuperar la apariencia juvenil. En cuanto a su poder como estimulador del colágeno, existen dos tipos: ablativo y no ablativo. Su aplicación depende del nivel de afectación de cada quien.
Por lo regular, dice Luciano Marrero, el láser se emplea para eliminar manchas, revertir los efectos del envejecimiento solar y para calentar áreas específicas en la piel, creando así un nuevo colágeno.
Entre los ablativos se encuentran el CO2 y el Erbium Yag Láser. "Se llaman así por los elementos que en estos equipos crean la luz del láser, y son usados -destaca Marrero- para remover las capas superiores de la piel envejecida, y, simultáneamente, calentar las capas profundas de la piel".
El cirujano plástico explica que al aplicarlos por 45 minutos, aproximadamente, se contrae la piel flácida y se forma colágeno nuevo. El resultado es una piel lisa y suave. "La desventaja es que amerita de un postoperatorio largo y exige de un cuidado exhaustivo de la piel por varias semanas". Esto es así porque el láser ablativo produce quemaduras en la piel, y, por lo tanto, ésta debe ser revitalizada antes de exponerse públicamente.
De otro lado, están los láseres no ablativos, y se les conoce como Pulse Dye Láser, Diode Alexandrite Láser, Nd Yag Láser, Láser infrarrojo y Láser de luz pulsada. "Estos son menos agresivos ya que no lesionan la piel; es decir, no la rompen, sino que actúan directamente en capas mas profundas. Son selectivos para estimular el colágeno, porque influyen específicamente sobre la pigmentación y los vasos sanguíneos".
En estos casos, los tratamientos duran entre 20 y 45 minutos. Y hay que saber que luego de la sesión inicial se requieren varias aplicaciones durante las siguientes semanas, para luego realizar tratamientos de mantenimiento cada trimestre o semestre.
Pero lo más nuevo entre los procedimientos es la radiofrecuencia facial, considerada la tecnología de mayor y mejor impacto. "Estos equipos utilizan ondas de radiofrecuencia para contraer la piel -explica Marrero-, y actúan de dos maneras: además de producir contracción sobre las fibras de colágeno, crean nuevas formas de éste". El tiempo de aplicación varía entre 30 y 45 minutos.
Marrero explica que para alcanzar el nivel deseado se requiere de varios tratamientos iniciales; luego el paciente pasa a una fase de mantenimiento cada tres meses. El proceso es indoloro y, además, puede realizarse simultáneamente con peeling, bótox o ácido hialurónico, entre otros.
¿Cuándo toca el bisturí?
"Una vez que la persona ha perdido colágeno y presenta flacidez facial, la piel ya no puede contraerse por sí misma. Por lo tanto, si eso sucede, hay que recurrir a la práctica de cirugías estéticas faciales", asegura el cirujano. El especialista considera que las intervenciones con bisturí en la cara no son el mejor tratamiento para tratar las arrugas, aunque sí representan la mejor vía en contra de la flacidez, porque ayudan a restaurar los contornos del rostro. "Siempre que uno realiza una cirugía facial debe ir acompañada de tratamientos de estimulación de colágeno y de peelings químicos para mejorar la calidad de la piel. Me refiero a que no sólo debe retirarse el exceso de piel con la cirugía, sino a que también debe tratarse la piel para que su apariencia sea buena, y así, con esta combinación, obtener resultados excelentes. Ese es el nuevo enfoque de la cirugía plástica".
PARA ESTIMULAR EL COLÁGENO
- En casa: Un tratamiento facial con cremas que contengan retinol, péptidos, hidroquinona y humectantes. Más allá del reconocimiento de la marca, puede ubicar estos principios en la etiqueta del producto.
- Con el especialista: El tratamiento debe combinarse con estimulación térmica de colágeno con una periodicidad mensual. Consiste en aplicar una serie de distintos peelings químicos y radiofrecuencia, entre otros.
- Donde sea: Asumir una dieta especial para estimular el colágeno y la elastina, basada en proteínas, vitamina B y antioxidantes, más una ingesta diaria de gelatina.
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